domingo 12.07.2020

LOS GATOS ANTITERRORISTAS

Desde que el mundo es mundo y desde que el periodismo existe una de las pruebas más complicadas es la de saber cuánto contar y hasta dónde contar.

Desde que el mundo es mundo y desde que el periodismo existe una de las pruebas más complicadas es la de saber cuánto contar y hasta dónde contar. Al menos, en lo que se refiere a cuestiones que podrían poner en peligro la seguridad de muchas personas. Con Bélgica entera paralizada mientras la policía busca a los terroristas tras los ataques de París, los periodistas se debaten entre su deber profesional de informar y la obligación moral de no ponérselo fácil a los asesinos. 
Pero, en el mundo en el que nos movemos, cualquiera con una cámara y acceso a las redes sociales puede estropear una operación antiterrorista. Por este motivo, las autoridades belgas pidieron a los ciudadanos que no colgasen fotos en Facebook ni en Twitter para tratar de no dar demasiadas pistas a quienes intentan esconderse para seguir sembrando el terror a su paso. 
Los internautas, muy guiadiños ellos, aceptaron sin mayor problema la petición de autocensura y decidieron cambiar el juego. Si internet se distingue por algo, además de dar voz a cualquiera, es por los vídeos de gatitos. Así que los belgas decidieron utilizarlos como recurso para evitar informar de cómo iban avanzando las operaciones antiterroristas. Y las redes se llenaron de montajes de todo tipo: gatos disfrazados de Supermán, de policías, armados hasta los dientes o equipados con chalecos llenos de explosivos, la mayoría acompañados de la etiqueta #BrusselsLockdown (cierre de Bruselas). 
En total, fueron más de 160.000 tuits en menos de veinticuatro horas, lo que demuestra dos cosas: que los domingos son tan aburridos en Bélgica como aquí y que los terroristas podrán arrebatarnos muchas cosas, pero si hay algo que está en nuestra idiosincrasia y no podrán quitarnos es precisamente el sentido del humor. La libertad de reírse de lo que nos da miedo es una de las cosas que nos diferencian de los animales y justo aquello que, aun en medio del horror, nos hace libres. 
No serán un arma de destrucción masiva, pero nos recuerdan que, por muy mal que se pongan las cosas, no hay nada tan grave como para no reírse. En un mundo en el que hasta la policía se suma al juego tuiteando una foto de agradecimiento por no romper el silencio en la que se ve un cuenco lleno de pienso todavía sigue siendo posible ser feliz. 

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