Sábado 17.11.2018

Mándale flores

Amigos: “La vida, no debe ser una novela que se nos impone, sino una novela que inventamos” (Novalis). “La vida es una guerra sin tregua y morimos con las armas en la mano” (Arthur Schopenhauer).

Amigos: “La vida, no debe ser una novela que se nos impone, sino una novela que inventamos” (Novalis). “La vida es una guerra sin tregua y morimos con las armas en la mano” (Arthur Schopenhauer). “La vida no es mas que la continua maravilla de existir” (R. Tagore). El pasado viernes fui a una charla que dio un buen amigo mío y de todos los que creen en la lucha por la vida de otros sin pedir nada a cambio. Escribo esto a sus espaldas y no me gustaría que lo leyera, se su forma de pensar, conozco lo suficiente su manera de trabajar, y su forma de ser, luchador por la vida, que no se ha hecho para comprenderla sino para vivirla, y él la vive de la manera que la siente, dando una brizna de ayuda, a los demás, digo una brizna por no decir cien mil hectáreas de briznas sin pensar en él, y siempre para otros, con eso es feliz, como no lo va ser una persona, ocupando su vida dando a otros armas para vivir, y no hablo de armas violentas, nada de eso, todo lo contrario, refuerza otras armas que todos tenemos, y que tan solo unos privilegiados, tienen esa capacidad, y esa personalidad positiva. De trabajo y constancia que contagia de tal forma, que piensas, “me gustaría ser como él”. Os gustaría después de éste preámbulo, que os diera el nombre, pero hasta más adelante no lo diré, y de seguro todos lo conocéis. Por supuesto es un personaje péblico en el buen sentido, como no podía ser de otra manera, es un bien para el ser humano, y lo entenderéis. Yo lo descubrí un buen día en los juzgados de Villagarcía, allá por los años ochenta a finales de ese decenio, terminara la carrera, para juez, y era su primer destino, una persona joven, sin conocimiento claro de donde se metía, parecido a aquel juez novato que la Judicatura italiana envió a la muerte al enviarlo a un juzgado de primera instancia e instrucción de la provincia de Sicilia, en donde la Camorra italiana era dueña y señora de la vida y la muerte, en donde la omertà, el silencio eran bienes a no conculcar, las miradas eran de pánico, el salir de tu casa, eran quizás tus últimos pasos, en la vida, el miedo era y aún es una forma de vivir como cualquier otra. Sin exagerar lo más mínimo, lo mismito ocurría en El Salnés-Arosa, en aquellos años de vino y rosas para unos pocos y de muerte y/o destrucción personal para todos los demás.
Imaginaros pues, un juez novato en el medio de esta pesadilla, como para coger una baja de enfermedad permanente,  ¿o no?. En cuanto lo conocí, me dije a mi mismo, este es de los que no se arrugan, y coño tuve razón vaya si la tuve, día si y día también, tenía que pasarme por allí, para consultar algo de algún joven, por problemas penales debido a su consumo, y por encontrarme con un juez, ahora magistrado de la Audiencia de Santiago, y escritor de tres libros, y algunas cosas más, surgió entre nosotros una amistad que perdurará para siempre. Creí que las amistades que nunca mueren son aquellas que estableces cuando la lucha es más cruenta, siempre que estéis en el mismo bando claro está. Un detalle de la manera de ser de un juez, un buen día de aquellos que vivíamos en la tiniebla, y éramos señalados con el dedo por los malos y los indiferentes. Hacía que cuando te encontraras, con el juez, todo se volviera a poner en su sitio, y te hacía pensar que los malos no éramos nosotros, pues en una ocasión, fui con un joven adicto que tenía que entrar en la cárcel, por que lo habían pillado con un gramo y poco mas para su consumo, en aquella época era así, luego se cambio el código penal a raíz  de las peticiones de las asociaciones. La madre del joven se le arrollado llorando y pidiéndole que lo perdonara, no lo hizo pero el abrumado y avergonzado, es así, me dijo, Eduardo, mándalo a un centro de rehabilitación, y que me envíen fax cuando llegue. Ella no sabía como agradecérselo, hasta le besó las manos, en un aparte él me dijo, cómprale flores y pásame a mi la cuenta, así se hizo. Hoy en día pasados los años, es un padre de familia con trabajo y buena posición, la madre ya no está, pero mientras estuvo viva, se que siempre se lo agradeció, y lo tuvo en sus oraciones. Yo tampoco. Este es José Antonio Vázquez Tain. Y hoy me lo veo en Sanxenxo, porque iba a dar una charla sobre prevención a los padres de chavales de unos colegios de esta zona organizados por la Federación de Apas, y sin pedir nada. Esto es una labor inmensa y lo hace un señor magistrado. Tendría mil y una anécdotas y todas de este calibre, se han ganado batallas, pero la guerra, esa guerra, la más dura, tan solo se gana así educando a los jóvenes y a sus padres. Un ser humano con mayúsculas, qué suerte haber compartido con él una etapa de mi vida. Un saludo amigos, Saúde e Terra.

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