• Miércoles, 14 de Noviembre de 2018

Malos tiempos para la política

Hoy no podía escribir de otra cosa. Las últimas semanas han sido un sinfín de noticias desagradables sobre personas que se dedicaban o se dedican a la política, pero que no se comportan como se supone que deberían hacerlo.

Hoy no podía escribir de otra cosa. Las últimas semanas han sido un sinfín de noticias desagradables sobre personas que se dedicaban o se dedican a la política, pero que no se comportan como se supone que deberían hacerlo. Unas que reivindican una cosa pero para sí hacen otra, unas que parecían ejemplares y que resultaron un fiasco, otras que se repartieron dinero de ayudas que iban destinadas a personas vulnerables, aquellas que arruinan el país que dicen defender, las que proponen como presidente a huidos de la justicia… 
Lo más preocupante es que ya nos estamos acostumbrando a que esto sea así. Llega un momento en que se da por hecho que los que nos dedicamos a la política somos todos iguales. Y la verdad es que a veces es comprensible pero siempre duele, porque yo me relaciono con muchos compañeros y compañeras de mi partido y de otros que me consta que se dejan la piel para intentar mejorar las cosas, manteniendo su palabra con coherencia y desde luego sin procurar ningún beneficio personal. 
Somos miles de concejales y alcaldesas en España de muchos y variados partidos que tenemos vocación de servicio público y que nunca se nos ocurriría apropiarnos de nada que no sea nuestro y que tenemos unas convicciones firmes. Lo que ocurre es que por culpa de unos cuantos, cada vez cuesta más que nos crean. 
Siendo sincera tengo que decir que me molesta profundamente que cuando se habla de corrupción o de políticos engañosos, parece que sólo se hable del Partido Popular. La trama Gürtel es indignante (especialmente para mí que soy del PP) pero no lo es menos la trama de los ERES en Andalucía o la incoherencia de los populistas que se compran mansiones en urbanizaciones, mientras critican a los políticos que viven en urbanizaciones o los que reciben becas sin presentarse en su puesto de becario mientras piden que se aumente la partida presupuestaria para educación, particularmente la de las becas. A mí estas actitudes me producen un rechazo infinito. Todas contribuyen al desprestigio de los que intentamos trabajar por un bien común. 
Cuando leemos sobre condenas “ejemplarizantes” parece que se nos amortigua la rabia. Queremos ver cómo los que nos engañan no se salen con la suya. No es venganza, es justicia.
 En política hay dos formas de hacer justicia: Una la imparten los jueces y la otra la ejercemos en las elecciones. En la primera, los ciudadanos de a pie no podemos hacer nada, pero la segunda está totalmente en nuestras manos. En estos últimos años hemos tenido muchas ocasiones para manifestarnos en las urnas y a pesar de que hay personas que no lo entiendan, el Partido Popular sigue siendo el partido más votado. Me alegro de que los ciudadanos seamos capaces de distinguir el polvo de la paja y seamos lo suficientemente maduros y justos para darnos cuenta de que aunque algunos no han estado a la altura, éste es un partido confiable y es el más útil para mantener la estabilidad económica y la unidad nacional, tan necesarias en este momento.
Seguiré defendiendo a la clase política honrada y coherente aunque definitivamente sean malos tiempos para la política.