• Martes, 13 de Noviembre de 2018

“Borroka” en Cataluña

Con cánticos y caceroladas no hacemos nada.

Con cánticos y caceroladas no hacemos nada. Este parece ser el lema de los rebautizados como Comités de Defensa de la República. Dicen que luchan para implantar en Cataluña una república (forma tan honorable como lo pueda ser la monarquía), pero aceptar su nomenclatura es concederles un rango político. El lenguaje crea marco mentales que en este caso no se ajustan con su forma de actuar. Son grupos violentos. Alborotadores urbanos promotores de violencia callejera. Generadores de caos. “Borrokas”, en la terminología importada desde el País Vasco.
Los medios deberían hacer bien su trabajo no dejándose contaminar por la propaganda. La etiqueta antisistema solo refleja una parte de sus actividades violentas. Y llamarles anarquistas refleja la ignorancia o la pereza de algunos periodistas a la hora de elegir las palabras en función de su verdadero significado. ¿Qué tendrán que ver estos individuos con el anarquismo histórico? ¿Sabrían decir algo respecto de lo que fue la CNT, en su día el sindicato mayoritario en España? A cada uno lo suyo.
Cuando en la prisa y por el lado de la urgencia en los relatos televisivos se cuelan expresiones imprecisas o erradas se contribuye a la confusión. Poco que ver con el anarquismo tienen estos grupos en los que participan menores de 18 años hijos de familias burguesas “convergentes de toda la vida”, junto a okupas marginados o estudiantes universitarios de clases medias. Quienes pegan fuego a los contenedores y se enfrentan con la Policía son jóvenes, pero junto a ellos, en segunda línea, también hay gente de más edad.
Su forma de actuar da a entender que disponen de conexiones con grupos internacionales antisistema, pero a juzgar por sus actuaciones mayoritariamente son autóctonos. Conectados con Arran, el frente de juventudes de las CUP, pero que va por libre y ha arrebatado el control de la calle a la ANC y a Ómnium. Liderazgo en las manifestaciones que desmiente el pretendido carácter pacífico de la lucha independentista. Es difícil avizorar si las algaradas y demás actos que alteran el orden público son el principio de una escalada de desestabilización o si, por el contrario, la formación de un nuevo gobierno en la Generalitat aparejará la vuelta de la normalidad. De momento, lo único cierto es que los “borrokas” cortan carreteras