lunes 16.12.2019

Las preguntas molestan

Hay muchas formas de contaminación amén de las que afectan y provocan los cambios del clima. Una de ellas ha quedado reflejada en las restricciones a los periodistas a la hora de formular preguntas al presidente del Gobierno. Muchos de los que han venido a cubrir la Cumbre se han quedado fuera de los turnos por obra del sistema impuesto para proteger a Sánchez, que se ha retratado. El intento de La Moncloa para protegerle quedó patente cuando Julia Arana, periodista chilena, le puso en evidencia: “Llevo dos cumbres y mi compañero cinco y es la primera vez que no nos dan la oportunidad de levantar la mano y preguntar”. Que el cerrojo había sido diseñado para limitar las preguntas se evidenció en la incomodidad de Sánchez cuando una única vez le pudieron preguntar por la marcha de las consultas para formar Gobierno: “Estamos en la cumbre del clima”.

Sin Prensa libre no hay democracia y la obligación del periodista es formular preguntas a los entrevistados, por incómodas que puedan resultar. Sánchez rehúye el contacto con los medios. Llevaba dos semanas sin hablar en público. Se sabe en posición difícil a la hora de tener que explicar cómo ha podido amarrar un pacto con Podemos y mantener negociaciones con ERC tras haber denunciado durante la campaña electoral el peligro que supondría para España una alianza con populistas y separatistas. Es un caso único de funambulismo político. Cambia continuamente y se corrige a sí mismo.

El episodio que da pie a este apunte no es una anécdota. Es el síntoma de una anomalía que delata una manera inaceptable de entender las obligaciones que todo gobernante contrae con la ciudadanía en orden a la exigible transparencia de sus actuaciones. La democracia es un sistema basado en la separación de poderes, el control parlamentario de los gobiernos y el escrutinio de la vida pública por parte de los medios de comunicación como vehículos que contribuyen a la formación de la opinión pública. Poner trabas, limitar la tarea de los periodistas, es el camino más corto que puede emprender un político para perder el crédito y respeto de los ciudadanos. Quien se apoya en tan torpe manera de proceder, yerra. Otros lo intentaron en el pasado con el resultado que conocemos. El ciudadano Sánchez y quienes le asesoran no deberían tener tanta prisa para desacreditarse como demócratas.

Las preguntas molestan
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