Domingo 21.04.2019

Telecracia

Desde los tiempos de la Grecia clásica sabemos lo mucho que la política le debe al teatro.

Desde los tiempos de la Grecia clásica sabemos lo mucho que la política le debe al teatro. El relato de los hechos tiende a cobrar más importancia que el hecho mismo. Lo estamos viendo, sin ir más lejos, en el juicio que se sigue en el Supremo contra los políticos implicados en el “procés”. Nada que ver entre lo que vimos en su día en los canales nacionales de televisión cuando el referéndum ilegal y lo que sigue empeñada en disimular TV3.
La irrupción de la televisión, primero, y la de las redes sociales después, han cambiado de arriba abajo el universo de la política. Los políticos han descubierto que aunque en los parlamentos se habla de política, donde de verdad se hace la política es en los medios. Y son los medios quienes determinan el discurso político y conforman las ideas y creencias sociales del momento. Nuestras opiniones y nuestras decisiones se basan en la información de la que disponemos.
La política que antaño en períodos electorales llevaba a los políticos a las plazas de toros hoy les instala a diario en los platós y la democracia va camino de ser “telecracia”. Podemos y Vox son dos ejemplos recientes de esa tendencia. En junio de 2016 Pablo Iglesias, en una entrevista reconocía que “aunque no se explica solo por la televisión, Podemos no se explica sin la televisión”. De Vox y de su líder, Santiago Abascal, que habla poco, se sabe por lo que dicen de él en la televisión sus adversarios. Es otro producto televisivo.
La televisión es un medio frío que vende mejor las emociones que las ideas y fuerza a personajes políticos hasta hace poco reacios a acudir a los platós a entrar en programas de entretenimiento en los que se despachan banalidades y se ven forzados a participar en juegos excéntricos. Las redes sociales alimentan este tipo de información. Ya no se llevan las entrevistas serias con el programa electoral sobre la mesa. Es aburrido; nos arruinaría la audiencia, rematan los presentadores. El resultado es que el grueso del personal vota dejándose llevar por las apariencias. La democracia camino de convertirse en “telecracia”.

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