‘Cumbre’ hoy en Moncloa; mañana en la Generalitat

Pienso que los contactos previos entre La Moncloa y la Generalitat para lubricar el encuentro entre Sánchez y Torra han sido insuficientes.

Pienso que los contactos previos entre La Moncloa y la Generalitat para lubricar el encuentro entre Sánchez y Torra han sido insuficientes. Y no precisamente porque la ministra Batet y la delegada del Gobierno en Cataluña no lo hayan intentado. La posición negociadora de los independentistas es mantener la aspiración de la independencia ya. Sabiendo, eso sí, que no la van a conseguir, de manera que algo habrá de obtenerse a cambio. Estos días se evoca mucho la primera reunión entre Suárez y Tarradellas, que fue muy mal, pero de la que, a la salida, el ilustre ex exiliado catalán manifestó que había ido “como la seda”. Luego hubo más reuniones, diálogo, Generalitat y Estatut. Y una ‘conllevanza’ que duró treinta años. Hoy, el propio ‘padre del independentismo’ catalán, Artur Mas, anda por los rincones arrepentido de todo lo que ocurrió, tratando, me parece, de aproximar posiciones y servir de enlace, aunque nadie parece ya quererle.
Ese mismo Mas le dijo a quien suscribe, en 2010, que el independentismo era algo “anacrónico”. Dos años después, se envolvía en la estelada. Claro, para entonces ya Pujol empezaba a confesar sus delitos de corrupción. Para entonces, ya Zapatero había engañado a Mas dos veces. Y la Diada se había llenado de proclamas secesionistas, que hicieron pesar al molt honorable president Mas que a la calle había que ganarla a base de proclamas de ‘adios a Madrit, que ens roba’. Para colmo, Rajoy se encerró en el ‘no’ a cuanto tratase de obtener el Govern catalán, y dio todo el poder a los togados. El resultado de tanto desastre se enfrenta este lunes en La Moncloa, en medio de recelos, distanciamientos y de un fanatismo supremacista por parte de la Cataluña independentista que resultaba inconcebible hace apenas cinco años. Y, en Madrid, Sánchez tendrá que lidiar con posiciones ‘duras’, como las encarnadas sobre todo por Ciudadanos que abominan incluso de la reunión hasta que Torra y su mentor en Hamburgo no hagan una renuncia explícita a sus posiciones independentistas.
Así que Sánchez tendrá que transitar con mucho cuidado por la escollera: políticos presos o presos políticos, lo importante es que el encarcelado Junqueras se alza como interlocutor inevitable en el futuro; los recursos ante el Constitucional presentados serán otro de los ‘puntos fuertes’ a tratar con un Torra que viene a Madrid obligado a plantear la ‘inevitabilidad’ del referéndum secesionista.
El caso es que Sánchez se ha mostrado dispuesto a negociar y Torra se encierra en sus posiciones de máximos. A ver si el seductor Sánchez es capaz de ganarse al terco supremacista: ni el uno ha ganado en las urnas la presidencia del Gobierno, ni el otro es precisamente, ya se ha dicho muchas veces, Tarradellas: está ahí por la designación digital de alguien tan ¿volátil? como Puigdemont, de quien, afortunadamente, se habla cada vez menos.
Y sí, el Gobierno central tiene fuerza para hacer muchas cosas. Hacer decaer recursos ante el Constitucional presentados por el Gobierno Rajoy, por ejemplo. Que la Fiscalía General del Estado haga algo por los presos, aún sometidos a la instrucción de Llarena. Ir propiciando un pacto fiscal y otras ventajas económicas que, sin duda, van a sentar mal a otros presidentes autonómicos, para no hablar de los votantes del PSOE en las otras 16 autonomías. Sugerir al Rey que llame a Torra a La Zarzuela. Y, sobre todo, aceptar -no es ninguna humillación_la invitación del president de la Generalitat para que le visite en Barcelona, que no es tiempo de andarse con tiquismiquis protocolarios de esos que tanto gustan en las cavernas.
Lo que Torra puede hacer para que la reunión salga bien es evidente. Lo malo, ya digo, es que entre Torra y Tarradellas hay algo más de distancia que unas cuantas letras. Junqueras, vuelve, que te perdonamos. Al menos, hasta que se celebre el juicio por el golpe de estado, por cierto fallido.