• Miércoles, 17 de Octubre de 2018

El peligroso silencio, o cuando solo habla Bárcenas

incluso los que no somos de campo sabemos

incluso los que no somos de campo sabemos que, antes de las grandes tormentas, se producen silencios quizá ominosos, puede que simplemente peligrosos. Yo creo que la tormenta se desencadenará cuando comience el debate de la moción de censura. Todos están callados, o diciendo lo mínimo: Rajoy, en su prudente guarida, a ver si escampa; Sánchez, quizá esperando darnos alguna sorpresa cuando nos hable desde el escaño al que él mismo renunció; Iglesias, que ha visto cómo sus pretensiones de antaño se han ido quién sabe si para no volver, mantiene, tras su relativa victoria interna por lo del chalé, una casi inédita prudencia; Albert Rivera ya ha dicho cuanto tenía que decir, y solo le toca esperar acontecimientos. Y los demás, cada uno en su ensimismamiento: los “indepes” catalanes andan como perdidos, los nacionalistas vascos con sus cálculos. Y entonces, va Luis Bárcenas y suelta su “barcenazo”.
Hay gente que más vale por lo que calla que por lo que ahora habla. Es el caso de Bárcenas, que, antes de ingresar en prisión, ha concedido una entrevista al diario “El Mundo”. No me haré eco de los titulares por lo hablado, sino de las sugerencias de lo silenciado. Bárcenas, a quien esperan largos años de cárcel, compartidos en parte por su mujer, tiene mucho más que contar, según se permite sugerir veladamente. Puede que algún día lo cuente, cuando le convenga. O puede que, como dicen que está haciendo Puigdemont esté preparando un libro de memorias, sabiendo todos que este tipo de libros se escriben siempre ‘contra alguien’.
Y claro que va a llover más. Sobre la cabeza de Rajoy, de algunos de sus ministros y de varios de sus colaboradores en La Moncloa. Una canción famosa en la transición tenía como estribillo “tiene que llover, tiene que llover a cántaros”; se sobreentendía que la lluvia aclararía muchas cosas oscuras de una etapa política. Me parece que aquí va a llover de lo lindo. De momento, temo que la sesión parlamentaria va a consistir en un “y tú más”, un memorándum de acusaciones sobre corrupciones pasadas que dejará el hemiciclo cubierto de basura. Y me parece que este silencio pesado que nos asfixia, aunque a veces ahoguen más las palabras inconvenientes, nos promete un intercambio de munición dañina para esa imagen de la clase política, que ya no puede andar más a la baja.