viernes 10.07.2020

Pues a Junqueras, que le den

a pesadilla del coronavirus pasará, quiero creer que ya está empezando a pasar; pero, cuando despertemos, el dinosaurio de la política española, ese torrente incontrolado de locuras, seguirá ahí. Sí, ahí está el maldito monstruo, prenunciando que aquí no va a quedar títere con cabeza. Y, si no, vean:
Y entonces llegó Arrimadas y mandó parar. Dando un giro de ciento ochenta grados a la política (errada en mi opinión. Y en la de sus electores) de Albert Rivera, la mujer que manda indiscutiblemente en Ciudadanos se alineó con el Gobierno de Pedro Sánchez para apoyar una nueva prórroga del estado de alerta.
Pero va a ser mucho más que eso: sospecho que, al fin, Sánchez ha entendido que la ‘mayoría de la investidura’ ya no existe: se lo vino a decir Rufián en la sesión del Congreso y lo certifica el hasta ahora silente Oriol Junqueras desde la cárcel: o Sánchez rompe con Ciudadanos... “O se acaba la legislatura”. Quizá no lo tenga tan fácil el preso de Lledoners, demasiado acostumbrado a ordenar desde la sombra las cosas a su antojo, para cargarse una Legislatura que nació ya medio muerta.
Quizá los movimientos de fondo en la política española sean mucho más profundos de lo que intuye el líder de Esquerra, que no ha entendido que el huracán de la pandemia lo está barriendo todo; quizá se le está escapando que el ‘tema catalán’ se va a encuadrar en un marco muy distinto, en el que el president de la Generalitat, Quim Torra, ha perdido todo su prestigio y en el que las tesis independentistas se van con un mucho mayor relativismo.
Arrimadas ha dado un paso valiente y confío en que haya venido para quedarse. Los mejores de su militancia están con ella en ese paso, que, por cierto, ha arrasado ya para siempre con aquella teoría del ‘bloque de centro-derecha’, comandado por el PP, en el que se quiso incluir también a Vox, que, con sus demasías, ya se encarga por sí solo de distanciarse de aquella quimera. Creo que Arrimadas se ha decantado por que Ciudadanos sea lo que siempre debió ser: un partido bisagra. Se lo dije un día a Rivera y casi me echa de su despacho: él quería liderar la oposición, convertirse en el siguiente inquilino de La Moncloa. Los dioses, cuando quieren perder a los hombres, primero los ciegan.
Ahora, la recomposición política pasa por una reflexión a fondo del líder del PP, que, en mi opinión, perdió este miércoles una oportunidad de formar parte de un nuevo bloque de poder, exigiendo contrapartidas muy serias, y beneficiosas para el país, a cambio; si algo puede reprochársele a Arrimadas es que se haya mostrado demasiado tímida en sus peticiones a Sánchez. 
Pero el presidente del Gobierno tendrá que ceder mucho más, no solamente si quiere sacar adelante alguna nueva prórroga del estado de alarma, sino si quiere sacar adelante cualquier cosa en ese período delicadísimo de ‘reconstrucción’ (es la palabra que se va a poner de moda) en el que entramos.
Seguramente, este acercamiento a Ciudadanos y el que entiendo que inevitablemente tendrá que propiciar al PP (y propiciarse desde el PP) va a molestar no poco al ‘socio’ Unidas Podemos, pero qué le vamos a hacer: el panorama tiene que clarificarse si no queremos perecer asfixiados. Y si al señor Junqueras le apetece ahora amenazar con derribar el templo, como si fuese Sansón, pues que le den a Junqueras.¿Habrá entendido Sánchez el mensaje esta vez?

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