Miércoles 20.03.2019

Un año para seguir así (de mal)

Me despierto al año nuevo con el dolor de cabeza de las campanadas retransmitidas por la misma señorita, célebre apenas por sus desvestidos. Y con el dolor de alma de comprobar que 2019 comienza como se fue 2018: los mismos rostros políticos, los mismos Presupuestos no renovados –igual que algunos ministros del Gobierno, que no hay manera de renovarlos–, el mismo presidente del Tribunal Constitucional y del Supremo –ya venció su mandato ‘oficial’ hace cuatro semanas, y nada–. Con el mismo tono imposible en el mensaje de Torra, idéntica respuesta vaga de La Moncloa, parecidas exigencias de dureza desde la oposición. Y, ‘deja vu’ en Nochebuena, bastante gente pasando la Nochevieja en los alrededores de Lledoners, clamando contra una prisión preventiva que yo mismo, que de ‘indepe’ tengo poco –ni siquiera soy catalán*–, considero que se va prolongando demasiado.
No escuché, en los últimos mensajes del año, ni uno de tinte verdaderamente regeneracionista, algo que infundiese un mínimo optimismo para los doce meses que se nos echan encima hasta volver a tomar las uvas y ver, inevitable, a la misma señorita desvestida dar las campanadas. Ni una idea para el Cambio procedente de la izquierda, de la derecha o de la extrema derecha, de los constitucionalistas o de los secesionistas. Nada: muy parecidas palabras a las que nos encontramos cuando transitábamos de 2017 a 2018.
Tenemos, en suma, doce meses por delante para prolongar la crisis política que viene de ya ni recuerdo cuándo, pero que se agravó con las elecciones del 20 de diciembre de 2015, que establecieron un difícil (des)equilibrio, un cierto desgobierno, una carrera de ambiciones hacia el poder, una atonía del Parlamento y una sensación de caos en sectores de la Justicia. Brillante. Doce meses para seguir olvidando a Montesquieu, para insistir en la vieja pelea electorera –ahí es nada, ese ‘superdomingo’ de mayo que tenemos por delante*–, y para seguir desprestigiándonos por ahí fuera, cosa a la que sin duda van a ayudar los comentarios de los ‘indepes’ a los medios foráneos que aterrizarán en Madrid ávidos de titulares ante el ‘juicio del siglo’.
No entiendo a qué espera Sánchez para reunirse con Casado y con Rivera –porque con Pablo Iglesias sí que se reúne, incluso para proponer ambos desde La Moncloa unos Presupuestos que no saldrán– y hacer un anuncio conjunto en el que, por el bien de la nación -aunque sea para mal de ciertos partidos--, se fije una fecha para la disolución de las Cámaras legislativas y las consiguientes elecciones anticipadas. Es urgente que los partidos constitucionalistas envíen un mensaje de unidad al descaro efectista, como siempre lo es el victimismo, de ese Quim Torra protagónico que puede llegar a ser el personaje más destructivo para los intereses de los españoles, catalanes –todos los catalanes– incluidos, por supuesto.
Ya sé que esto que digo suena a utopía angelical de puro buenista o de mero despistado: no hay más que recordar la última rueda de prensa de Pedro Sánchez o los discursos de los líderes de la oposición, pidiendo mano dura con los catalanes, porque eso les da votos en el resto de España, un resto que involuciona a marchas forzadas mientras Cataluña, por su lado, se enroca.
Pues hala, no desaprovechemos la oportunidad: sigamos así, satisfechos de lo obtenido hasta ahora. Que inventen y hagan cambios ellos, sean ‘ellos’ quienes sean. Otros. A mí, la verdad, puedo asegurar a quien esto lea -aprovecho para desearle a usted un año feliz, pese a todo_que el panorama que veo ante nosotros para 2019 no acaba de gustarme. Ni un pelo.  

Un año para seguir así (de mal)
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