El (des)prestigio de la Universidad

en España hay excelentes profesores de Universidad

en España hay excelentes profesores de Universidad, algunas Facultades que no desmerecen de las mejores de Europa y alguna Universidad pública digna de elogio, aunque no figure entre las 200 primeras de casi ningún ranking. Las públicas más que las privadas, también con excepciones. Pero la valoración global del mundo universitario no pasaría una auditoría mínimamente rigurosa y más del 60% no podría estar entre las 800 primeras del mundo. El escándalo de los másteres de Cristina Cifuentes y de Pablo Casado están llevando a la superficie el iceberg que esconde una buena parte de la Universidad. Y no es culpa del PP –que alguna tiene– sino de la propia Universidad y de sus responsables académicos y políticos.
La Universidad lleva décadas viviendo de espaldas a la sociedad. Ha perdido su prestigio; no forma profesionales de calidad; elude mirar al mundo labora; tiene de grados y de titulaciones que no cursan más de 10 alumnos; multiplica el número de máster, muchos de ellos repetitivos de lo que enseñaron en el grado e, incluso, los da sin que se cursen, porque lo que se busca es alargar la estancia de los alumnos, pagar algo más a los profesores y multiplicar los ingresos de la institución. Sigue viviendo encerrada en sí misma, sin atender a los problemas sociales, sin especializarse, sin buscar líneas de investigación, bajando los niveles de exigencia y manteniendo el falso mensaje de que una carrera garantiza un futuro mejor. Financiada en un 80% por los impuestos. Y, sobre todo, con una endogamia enfermiza, sin autocrítica y con graves deficiencias de gestión y de transparencia como se está poniendo de manifiesto. .
Todo esto lo saben en la Universidad, en el ministerio y en las consejerías de Educación, lo saben los partidos y lo sabe todo el mundo. Se han creado Universidades y centros universitarios que eran absolutamente innecesarios, con un aluvión de profesores que no tenían el nivel para acceder a las cátedras. Y se cuenta con otro ejército de profesores lamentablemente pagados, que solo esperan que el jefe les coloque mejor en su respectivo Departamento. Pero se mantiene el sistema sin que nadie se atreva a hacer cambios. Cambios que deberían provenir de la propia Universidad. Han conseguido que la influencia universitaria, intelectual, en la sociedad sea mínima y que las empresas apenas cuenten con la Universidad. Duele ver lo que está pasando, pero no merece la pena escandalizarse con lo de los másteres falsos. Es la Universidad la que no debería permitir ni un minuto más su propio desprestigio. Desde dentro y con rigor