Es la educación y no lo vemos

Es una desgracia ser ministra de Educación y Formación Profesional

Es una desgracia ser ministra de Educación y Formación Profesional (esto último por primera vez en la historia del departamento) y, al mismo tiempo, portavoz del Gobierno. Una lástima porque acudes a un foro para hablar de lo importante, la educación, y te acaban sacando titulares sobre si el Gobierno va a adelantar las elecciones y ni una línea sobre lo demás. Le ha pasado a Isabel Celáa, a pesar de que dijo algunas cosas que sería bueno que escucharan todos. Por ejemplo que “ya no se puede formar a las nuevas generaciones para hacer lo mismo que hacen los robots cada vez mejor: recoger, guardar y procesar datos” y en su lugar propone revisar y adelgazar los curricula escolares, reforzar el aprendizaje de competencias para resolver problemas y promover el aprendizaje de otras lenguas, así como facilitarles un bagaje de valores actitudes, cualidades y comportamientos que les permitan seguir aprendiendo toda la vida.
La ministra hizo especial hincapié en una de nuestras asignaturas pendientes. La Formación Profesional. Vamos sobrados de estudiantes de Bachillerato -y, aunque no lo dijo, de universitarios- en relación con los países de la Unión Europea y de la OCDE y, sin embargo, tenemos un déficit altísimo de titulados en Formación Profesional que es, sin embargo, lo que demandan las empresas que tienen, sólo en el sector tecnológico, decenas de miles de puestos que no son capaces de cubrir. Y no hablo de los empleos que hoy no existen y para los que el sistema educativo no tiene ni siquiera una previsión. Cuando existan, y va a ser muy pronto, las autoridades educativas empezarán a pensar qué hacer. Y cuando lo hagan ya se habrán creado otros empleos para los que no tendremos respuesta.
Hace ya muchos años un ministro de Educación me dijo que él no tenía nada que hablar con su colega de Trabajo en relación al presente y al futuro del mercado laboral. Así nos ha ido. Por eso me gustó que la ministra dijera que su Ministerio y el de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social ya han empezado a trabajar para “cumplir objetivos comunes y pilotar este proceso” y que en septiembre abrirá una ronda de conversaciones con los agentes sociales, con las empresas y con el sector educativo para trabajar juntos, romper recelos y pensar a largo plazo. Entre otras cosas habló de dar prioridad a la Formación Profesional –en el País Vasco y Navarra, entre otras autonomías, han demostrado que es posible y Celáa tiene una parte de esa mejora– orientada tanto al sistema educativo como al empleo y que integre a alumnos de 16 a 65 años en distintas modalidades.
A mí me gustaría que Celáa fuera la ministra de la Formación Profesional y pusiera a nuestro país, en ese terreno, al nivel de la modernidad. Llevamos demasiadas décadas perdidas. Dice ella con razón que no nos podemos permitir dejar sin explotar altas reservas de talento ni ser un sistema que no priorice la equidad. También pretende un liderazgo basado en acuerdos y consensos para lograr la estabilidad del sistema educativo, con el horizonte puesto no en las próximas elecciones sino en 2030. Casi un imposible, pero hay que intentarlo.