Martes 20.11.2018

Fatiga de volver

después de tres semanas de vacaciones, vuelta al trabajo. Como tantos españoles,

después de tres semanas de vacaciones, vuelta al trabajo. Como tantos españoles, aunque mejor que muchos que o se han pasado agosto trabajando o no han podido disfrutar de unas vacaciones. Somos afortunados. Y, además, un verano bueno, porque los hoteleros no se quejan, seguimos batiendo récords de extranjeros que eligen España para sus vacaciones, las playas están llenas, las carreteras a tope y no digamos los bares o restaurantes donde es difícil encontrar un hueco sin reserva previa. Y no ha sido un año de incendios forestales como, por desgracia, los que han asolado el sur de Portugal un año más. Hay que aprovechar el verano que el invierno es muy largo.
Hasta los políticos, casi todos, están de vacaciones. Si ustedes, como yo, han seguido leyendo periódicos todos los días, varios mejor que uno solo se habrán dado cuenta, sin embargo, de que para ellos, para los que nos mandan o aspiran a hacerlo, las vacaciones no son un ocasión de parar y reflexionar aunque sea solo un poco. La política hoy es “tuitera” en todas sus manifestaciones: urgente, corta, irreflexiva y demagógica... En Cataluña los que mandan en la Generalitat llevan meses sin hacer una sola ley, pero se han tomado cuatro meses de vacaciones parlamentarias, y no han cejado ni un minuto en sus ofensas y en sus desplantes, especialmente al paciente rey de todos los españoles, incluidos los secesionistas catalanes. La hoja de ruta secesionista no se detiene ante la Corona ni ante la Justicia ni ante más de la mitad de los ciudadanos catalanes que no quieren la independencia. Ni siquiera han sido capaces de aparcar sus diferencias en los actos conmemorativos de los atentados de hace un año, aunque fuera por respecto a las víctimas y a sus familias. Más aún los han aprovechado para anunciar “un ataque frontal al Estado”, supongo que, como se decía antes “por tierra, mar y aire”. Saben que tienen la batalla perdida, pero tratan de aprovechar la debilidad de un Gobierno provisional como el de Pedro Sánchez.
Un Gobierno que, como decía Fraga, solo acierta cuando rectifica. Aunque la inmensa mayoría de los miembros de ese Gobierno están también de vacaciones, o desaparecidos, sabemos que, mientras la deuda pública sigue creciendo, andan estudiando una subida de impuestos para aumentar el gasto público, al amparo del fuego amigo de Podemos. Pablo Iglesias ha cambiado la transparencia por la acción subterránea y a Sánchez no le molesta porque sabe que sin su apoyo no dura ni un mes. Ambos se necesitan. Este Gobierno ha lanzado tuits sin la bandera española y, luego, con ella, ha aceptado las devoluciones en caliente que criticó al PP, ha acogido inmigrantes por solidaridad y luego ha dicho que para otros iguales España no era “un puerto seguro” y hasta ha optado por el decretazo para modificar el Código Penal, saltándose, posiblemente, la Constitución. A los gobernantes siempre les tienta más el decreto ley que las leyes, entre otras cosas porque no necesitan someterse al Parlamento. Lo curioso es que lo que critican en la oposición lo defienden cuando están el Gobierno. Y hay más. Descansen mientras pueda. Cojan fuerzas. Fatiga de volver sin que se atisbe en el horizonte una lluvia de nueva política ni políticos nuevos.

Fatiga de volver
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