Simplemente asesinos

ETA se ha disuelto por imperativo policial y legal, por la unidad de los demócratas

ETA se ha disuelto por imperativo policial y legal, por la unidad de los demócratas frente al terrorismo, por la imposibilidad de seguir matando, porque ha sido derrotada, porque sus dirigentes están en prisión. Se han acabado sesenta años de extorsión, de asesinatos, de secuestros, de intento de imponer una dictadura totalitaria con la amenaza de las armas. Son asesinos, lo han sido durante cincuenta años, desde el primero, el del joven guardia civil José Luis Pardines. Nació en tiempos de Franco, pero nunca fue un movimiento antifranquista. La mayor parte de sus asesinatos se cometieron en la democracia, contra la democracia. Con la ayuda de muchos. Si en el franquismo encontraron complicidades y hasta aplausos en la izquierda, en la democracia contaron –cuentan todavía– con el apoyo de muchos que les ayudaron a cometer los asesinatos y los aplaudieron y con el reconocimiento de otros, incluso de los que hacen alarde de demócratas. Aunque se hayan disuelto siguen presentes en muchos ayuntamientos y en parlamentos autónomos. Son los herederos ideológicos de los asesinos. No han perdido perdón a las víctimas. No han reconocido que mataron sin razón, que extorsionaron para vivir y seguir matando, que despreciaban y desprecian a los que no piensan como ellos. La democracia nos ha librado parcialmente de ellos, pero deben seguir en la cárcel hasta que cumplan el último día de condena. Por respeto a las víctimas.
854 muertos desde 1968 a 2009 –solo 42 en el franquismo–, 300 de ellos civiles, decenas de niños. 16.000 heridos. 3.600 atentados. Miles de familias destrozadas para siempre. Infinidad de entierros a los que no iba nadie. El silencio de una parte de la Iglesia y de la sociedad vascas. 349 asesinatos siguen sin ser esclarecidos, con 271 causas judiciales prescritas o sobreseídas por falta de datos. 86 secuestros a cambio de dinero, pero con finales diferentes: el de Ortega Lara fue tal vez la primera prueba de que ETA iba a perder todas las batallas; el de Miguel Ángel Blanco fue el principio del fin de ETA. 42.000 personas amenazadas, esperando cada día el tiro en la nuca, porque hasta para eso eran cobardes. Miles huyeron de allí para siempre.
De los 3.800 militantes de ETA, 3.300 han pasado por la cárcel. 279 siguen en ella y algunos, incluso desde los Gobiernos vasco y navarro, piden clemencia para los asesinos. ETA ha sido liquidada por la democracia, pero no se ha disuelto, digan lo que digan los asesinos. No lo estará hasta que se aclaren todos los asesinatos cometidos. No lo estará hasta que paguen sus asesinatos con la cárcel. No se ha disuelto porque sigue viva en cerca de 200 ayuntamientos vascos, donde sus herederos tienen poder real –894 concejales de Bildu frente a 280 del PSOE y del PP–; porque en muchos pueblos, como Alsasua, es imposible la convivencia en libertad; porque la mitad de los vascos quiere dejar de hablar del terrorismo de ETA y el 42% de los jóvenes desconoce la historia de la extorsión y los asesinatos de ETA. Las víctimas, los muertos, los que quedaron heridos para siempre, sus destrozadas familias merecen que no olvidemos nunca el holocausto etarra. Perdón, sí, pero sólo cuando los asesinos lo pidan a todas las víctimas y hayan pagado el terrible daño causado a todos.