Lunes 17.06.2019

Luces navideñas

Después de disfrutar cada cual con las fiestas de Nadal, habrá observado el coruñés en su paseo acostumbrado que nuestro alumbrado ha sido el más pobre de los últimos cuatro años, por no ir más atrás, donde había muestras de generosidad en este alumbrado navideño. Nadie se daba cuenta de que existía hasta que levantaba la cabeza y veía unas luces como menguantes adornos en lo alto de algunas vías y muy separados entre sí, pero en la mayoría, de calles y barrios ese detalle no existió. El alumbrado es una inversión, no un gasto y beneficia a toda la ciudad.

Tan solo algunas vías publicas del centro disfrutaron levemente de una mustia iluminación, con unos colores apagados que no representaban la ilusión de la navidad; por supuesto nada, que ver con el despliegue llevado a cabo por el Ayuntamiento de Vigo, que descontó el importe de su gasto en tan solo 15 días de su instalación, debido a que la ciudad se convirtió en el centro turístico español por excelencia para deleite de todos cuantos han tenido la oportunidad de verlo en directo. Pero en nuestra ciudad parece que estamos anclados en una prioritaria depresión municipal y no son capaces de ver la luz, ni tan siquiera donde está el interruptor que les ilumine.

Si en el centro fue muy deficiente, imaginar los barrios es suponer que en ellos no hubo iluminación alguna, salvo el interés propio de los vecinos por mantener la ilusión de estas fiestas. En todos ellos la oscuridad fue la nota dominante, la misma que se respira en pleno palacio de María Pita. El árbol parece que tenía una tara, porque su iluminación solo estuvo en la parte superior. La base ni se ocultó, ni se adornó, además apenas tenía iluminación. No causó efecto alguno y su estrella quedó sin luz en los últimos días de las fiestas. Quizás la bola de la Marina es la más atrayente como en años anteriores. Los jardines carecieron de iluminación; la arboleda en general no se iluminó este año como se hacía en los anteriores. En definitiva, nada se parece a lo que fue con este mismo gabinete municipal.

Los vecinos no pueden ni deben estar contentos de la iluminación dejada en el año que finalizó. Aparte de ser extremadamente pobre no se supieron adaptar los detalles de lo que necesitaba de luz y adornos esta urbe. Las quejas al Ayuntamiento no le hacen moverse; sus miembros ni se inmutan, lo que hace sentir a la gente que no interesan las iniciativas vecinales. Lo que da tristeza a las calles, pese a que muchos coruñeses salieron a hacer sus compras en el comercio de barrio o los más próximos del centro, la iluminación llamativa incita de forma sistemática a efectuar compras, para poder sobrevivir el resto del año, sino está abocado al cierre y cada comercio cerrado en la ciudad es un indicio de que nos estamos empobreciendo mutuamente.

La iluminación en estas fechas, es clave como reclamo para el comercio y sus vecinos y todo se ve de un color más positivo cuando la iluminación navideña acompaña. Estas navidades han pasado y los coruñeses han sentido una sana envidia de sus vecinos olívicos. De dónde venimos y en dónde estamos.

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