• Viernes, 21 de Septiembre de 2018

Voto a voto, promesa a promesa

es la cuarta vez que nuestra democracia se enfrenta

es la cuarta vez que nuestra democracia se enfrenta a una moción de censura y que los parlamentarios asumen la responsabilidad de aceptarla o rechazarla. Y es la segunda vez que Rajoy se somete a esta especial votación que le puede permitir seguir viviendo en la Moncloa, con grandes limitaciones y con la espada de la corrupción sobre su cabeza, o tener que coger sus efectos personales y trasladarse al piso en el que moró durante su larga carrera política.
Desde esta mañana van a transcurrir horas decisivas para el futuro de nuestro país. Horas de gran institucional y política. Horas en las que en los pasillos del Congreso, en los restaurantes y en las cafeterías de la zona, se hará una persecución de voto a voto y de la promesa por la promesa para que la mayoría, fijada en 176 votos, otorgue a uno, Sánchez, la posibilidad de probar las dependencias de la Moncloa y formar un Gobierno a base de ocho partidos o coaliciones, y al otro, Rajoy, tener que pensar seriamente lo que va a hacer en los próximos meses en los que no se puede enrocar, como hace habitualmente, y fijar fecha para unas elecciones sin llegar a culminar la legislatura.
Con el 24% de los escaños de la Cámara, Sánchez lanzó al vacío una moción de censura de alto riesgo para, como él dice, poner en marcha un doble objetivo: desalojar a Rajoy de la Moncloa y formar un Ejecutivo monocolor dependiente de lo que en cada momento nacionalistas, independentistas y separatistas le puedan presionar y quedarse sin posibilidad de maniobra.
Es el tiempo de la verdad. Es el momento en el que los políticos tienen que dar la talla. No pueden seguir jugando al funambulismo sobre un cable que si lo siguen tensando puede llegar a romperse.
Vamos a vivir horas en las que se va a perseguir el voto y a hacer promesas que luego no se van a poder cumplir. En 24 horas, cuando se produzca la votación, tendremos una solución que en cualquiera de los dos casos no será buena. Hay demasiadas cosas en juego para que los diputados sigan anteponiendo los intereses particulares a los generales de todo un país.