El reparto del botín

Ocupar las empresas públicas e instituciones del Estado mediante

Ocupar las empresas públicas e instituciones del Estado mediante un sistema clientelar de nombramientos fue una fijación de PP y PSOE en su alternancia en el gobierno de España. Tras la conquista del poder, la administración es para ambos como un botín que reparten a discreción entre miembros del partido y amigos de sus mandatarios.
La “apropiación” y reparto de puestos de la alta Administración se repite ahora en la era Pedro Sánchez que, como hizo Rajoy en su día, colocó al frente de Paradores, Unesa, la Sepi, Enresa, el CIS y otras empresas a miembros de la Ejecutiva de su partido y a personas leales a él mismo.
Puede que esta forma de ocupar las grandes empresas sea legal, legítima y hasta normal. Pero no encaja con la regeneración que prometió el mismo Sánchez antes de llegar al poder; ni con sus críticas a las “puertas giratorias”; ni con que su llegada al gobierno significaba “un cambio de época”. En un twitt de noviembre de 2014, @sanchezcastejon escribia: “Frente al capitalismo de amiguetes, economía del talento, mérito, esfuerzo y capacidad. Quiero eliminar la partitocracia “, y en noviembre de 2015 volvía a escribir “vamos a poner en pie una economía productiva frente al capitalismo de amiguetes del PP”. Instalado en La Moncloa, reproduce los vicios anteriores de ese PP que tanto criticaba.
Tan grave o más es la falta de idoneidad de algunos “designados” cuya formación y trayectoria laboral no dan el perfil profesional que requiere dirigir estas empresas y organismos públicos. Es escandaloso que políticos profesionales que tan solo saben trabajar para el partido, filósofos, sociólogos y activistas políticos estén al frentes de estas empresas de alta tecnología y de servicios que gestionan miles de millones de euros y tienen miles de empleados. ¿No hay en el PSOE personas más capacitadas?.
Dicho con todo respeto, algunos de los nombrados tendrían muy difícil entrar en el mercado laboral para trabajar, por ejemplo, en una superficie comercial. Escandalosos son también los sueldos, entre 180.000 y 500.000, tan altos como insultantes para la mayoría de los trabajadores que no llegan a mileuristas.
Este clientelismo en nombramientos -y subvenciones- también es habitual en autonomías y ayuntamientos. De ahí que todos los partidos, excepto C’s que aún no gobernó, están callados porque son todos iguales en el reparto del poder y todos están pringados. Es la partitocracia de amiguetes, perversa para la democracia y para el país.