• Sábado, 22 de Septiembre de 2018

Hay más manadas

No estoy seguro de que los siete días transcurridos desde que se conoció

No estoy seguro de que los siete días transcurridos desde que se conoció la sentencia de la Audiencia de Navarra tuvieran el efecto balsámico de sosegar los ánimos justicieros del país.
La pena de nueve años que los jueces impusieron a La Manada por abuso sexual no coincide con el “veredicto popular” de muchos españoles –“diplomados exprés” en derecho penal–, que esperaban la calificación de agresión sexual, que también se puede deducir del relato de los hechos en la propia sentencia.
La ola de indignación convirtió a España en un inmenso manifestódromo en el que asociaciones feministas, medios de comunicación, tertulianos e invitados varios descalificaron el fallo judicial en uso de la libertad de expresión y crítica, tan saludable en democracia.
Más preocupantes son las arremetidas de los políticos, sobre todo del ministro de Justicia, que también desacreditaron una sentencia que es discutible, pero fue dictada en base a los hechos y al Código Penal alumbrado por los mismos políticos que vertieron opiniones oportunistas y apresuradas, probablemente sin leer la sentencia.
Sería una temeridad que un lego en cuestiones jurídicas como yo emitiera un “voto particular” a la sentencia, ya lo hizo un magistrado y enojó a todos. Sí digo que las sentencias pueden ser criticadas y también que es principio básico del Estado de Derecho respetarlas y acatarlas, gusten más o menos, porque el mismo Estado de Derecho garantiza que pueden ser recurridas a instancias superiores, en este caso al TSJ de Navarra y al Tribunal Supremo, que mantendrán o modificarán lo dictado por la Audiencia Provincial de Navarra.
Aquí debería acabar este artículo, pero quedaría incompleto si no tuviera un recuerdo para las tres menores –una de 14 años– que en marzo fueron violadas por diez argelinos en Alicante, y para la joven de 19 años que a mediados de abril fue víctima de otra violación grupal por 4 individuos, también argelinos y también en Alicante.
La agresión a estas jóvenes por esas dos manadas debería desatar la misma ola de indignación solidaria y transversal que tiene la víctima de Pamplona. Pero para ellas no hay foco mediático, social, ni político. Ni siquiera de las plataformas feministas, tampoco de la presidenta del Banco de Santander y de las monjas de Fuenterrabía.
Todos guardan un silencio incomprensible sobre el drama de las mujeres de Alicante que tienen derechos, pero no son arropadas por la sociedad. Tristemente hay víctimas de primera y segunda.