• Miércoles, 19 de Septiembre de 2018

Licencia para gastar

Es una buena noticia que el ministro de Hacienda.
Es una buena noticia que el ministro de Hacienda “libere” los 5.000 millones de superávit de los ayuntamientos en 2017 para que estas administraciones cercanas a los ciudadanos puedan disponer de esos “ahorros”.
Tras el acuerdo entre la FEMP, que preside el alcalde de Vigo, y la Secretaría de Estado de Hacienda, los concellos tendrán más recursos para acometer un amplio listado de obras nuevas o mejoras en infraestructuras educativas, sociales y culturales, como colegios, bibliotecas, centros culturales, parques infantiles, pabellones deportivos, gestión de residuos o equipamiento urbano. Es, por tanto, una oportunidad para estas y otras actuaciones pendientes que mejoren la calidad de vida de los vecinos en las ciudades y pueblos
Pero, a la vez, detrás del apretón de manos entre Abel Caballero y Fernández Moya subyace la amenaza del gasto improductivo e inútil para el vecindario. Digo esto porque los alcaldes van a gastar ese dinero cuando “huele a elecciones” y habrá regidores que, si no aprendieron la lección del pasado reciente, pueden caer en la tentación de reproducir los tiempos del despilfarro o aquel desastre del “Plan E” que enterró el dinero en obras que en muchos casos solo respondía a la megalomanía e ignorancia de sus promotores.
¿Cómo evitar aquellos derroches que se hacía en nombre del servicio a los vecinos? La Comisión Mixta para las relaciones con el Tribunal de Cuentas asume un informe de este organismo sobre el despropósito económico del tranvía de Vélez-Málaga, BOE 26 de febrero, e insta al Gobierno a potenciar la Oficina Nacional de Evaluación “que establecerá las inversiones prioritarias en función de su rentabilidad social, económica, financiera, atendiendo a criterios objetivos de eficiencia y transparencia”.
Si esos criterios de actuación se cumplieran antes de la crisis –cuando todos éramos ricos– no tendríamos hoy piscinas que nunca funcionaron, polideportivos convertidos en almacén o campos de fútbol para las ovejas. Tampoco se hubieran construido aeropuertos en Castellón y Guadalajara, el AVE manchego que trasportaba una media de nueve viajeros o las autopistas rescatadas, por citar solo unos ejemplos de derroches autonómicos. En Galicia la Ciudad de la Cultura sería más funcional y útil y el Puerto Exterior, necesario para A Coruña y Galicia, tendría otro emplazamiento.
Si los alcaldes aprendieron la lección para no volver a tropezar en la piedra del despilfarro, utilizarán esta “licencia para gastar” en solucionar problemas reales de los vecinos.