jueves 22/10/20

¿Monarquía o República?

ace cinco años un periodista realizaba una encuesta callejera para un diario  preguntando a los transeúntes: “¿monarquía o república?” y un joven desempleado le contestó: “un trabajo y Constitución”. 
El mensaje era claro: ese debate no le interesaba, su preocupación era salir de la crisis económica y mantener la calidad de la democracia que había que resguardar de quienes revolvían las aguas institucionales para acabar con el “régimen del 78”. 
Al hablar de ese régimen hay que recordar la figura del Rey Juan Carlos que, con otros prohombres de la política, impulsó y logró el tránsito de la dictadura a la democracia que dio a España la etapa más larga de estabilidad política, prosperidad económica y reconocimiento internacional.
El Rey siguió prestando servicios impagables fortaleciendo la democracia y la imagen de España y de las grandes empresas en el exterior en un reinado que tuvo muchos aciertos. Pero “su mayor error fue considerar que sus virtudes públicas prevalecerían siempre sobre sus vicios privados”, dice el profesor Juan Francisco Fuentes.  
La cacería y accidente en Botswana en 2012 hundió su imagen y decepcionó a los españoles, entonces inmersos en una espantosa crisis económica. Después vino la abdicación y una serie de decisiones de la Casa Real en torno a su persona que culminan ahora con su alejamiento de España “impuesto” por una insoportable presión política y mediática tras conocerse los relatos de una amante despechada y de un ex comisario encarcelado. 
Castigo desproporcionado para un servidor del Estado que no se aplica a otros responsables públicos, como los políticos corruptos. Sobre todo porque no está imputado, el Supremo rechazó medidas cautelares contra él y tiene la presunción de inocencia como todo ciudadano.  
Pero ya le ha condenado un frente de partidos al estilo Robespierre. Unos para desviar la atención de sus miserias, Podemos del caso Dina y el independentismo catalán del 3 por cien de Convergencia; otros para tapar su irresponsabilidad en la gestión de la pandemia y todos contra la monarquía que encarna el Rey Felipe, el mejor servidor público que  tiene España, como coartada para derruir este sistema e instaurar una república modelo bolivariano o argentino, que traería a la nación más caos político y social.
Por si no fuera suficiente la crisis sanitaria, económica, política, territorial y social sumamos la institucional, de consecuencias imprevisibles. Pero los españoles somos así, siempre intentando autodestruirnos, decía Otto von Bismarck. Cuenta el ex ministro César A. Molina que un amigo le dijo en París que “nunca he visto a un país suicidarse con tanta alegría”. En esas volvemos a estar ahora. 

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