• Martes, 13 de Noviembre de 2018

El móvil es caro

el PSOE admite que no hará grandes transformaciones económicas

el PSOE admite que no hará grandes transformaciones económicas desde el Gobierno, según reconoció su responsable de Economía, Manuel Escudero, en un debate celebrado esta semana en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en Santander. Relevantes asuntos como las pensiones, la financiación autonómica o la reforma laboral parece que seguirán igual; es decir, igual de mal que con Mariano Rajoy.
Lo que queda por ver ahora es qué pasará con las cosas que el Gobierno sí puede cambiar o propiciar que cambien. Veamos un ejemplo de algo que puede mejorar y que afecta a millones de españoles: el coste del móvil.
Poco esfuerzo deberá hacer el Gobierno para enterarse de lo que pasa, ya que en el mismo curso de verano organizado por la Asociación de Periodistas Económicos en el que intervino Manuel Escudero, también habló –alto y claro– el presidente de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, José María Marín Quemada, de cuyo discurso se desprende una conclusión: en España sale caro hablar por teléfono.
Desde luego, más caro que en otros países europeos, lo cual carece de fundamento, ya que los costes laborales son más bajos en España y los costes de la tecnología no son muy diferentes. Es más, los operadores son comunes a otros países donde los precios en vez de subir, bajan.
La anomalía ni siquiera se ha resuelto con la llegada de un cuarto operador, Másmóvil. ¿Dónde está entonces el problema? Muy sencillo: en los productos empaquetados. Movistar, Orange y Vodafone, los tres grandes operadores del mercado de las telecomunicaciones, fomentan la venta de líneas de móvil que incluyen internet, televisión, fútbol y series, con lo cual tiran de los precios hacia arriba, sin que los consumidores sepan bien lo que están pagando y, lo que es peor, sin que consuman todo lo que compran, a veces sin pretenderlo.
Parece evidente que la eficacia de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia es limitada, ya que sabiendo –y denunciando– todo esto, no es capaz de corregirlo. Pero si en España pasa lo que pasa debido a que aquí hay más ofertas conjuntas que en otros países europeos, tampoco debe de ser tan difícil arreglarlo.
Ante este peculiar Cafarnaún, a José María Marín Quemada tal vez le corresponde hacer de centurión ante Pedro Sánchez y rememorar la famosa frase evangélica: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa; pero una palabra tuya bastará para sanarle”.
El enfermo en este caso no es un pobre sirviente del centurión, sino un poderoso lobby, y Pedro Sánchez tampoco es Jesucristo, pero todos sabemos lo que significan las metáforas bíblicas. De no ser así, tendríamos que preguntarnos no ya para qué sirve el Gobierno –incapaz de hacer grandes reformas–sino para qué existe el Estado y no digamos la rimbombante Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia.