Viernes 16.11.2018

Europa, clave para Sánchez

Aquí se trata de aprobar unas cuantas iniciativas simbólicas

Aquí se trata de aprobar unas cuantas iniciativas simbólicas, sin tocar mucho las cosas de comer, y de encarar las generales”. Esta frase de un diputado del PSOE podría sintetizar lo que puede dar de sí el Gobierno de Pedro Sánchez, que todo un ex secretario de Estado como Méndez Romeu también ve como un Ejecutivo de transición hacia las elecciones. Para que sea algo más tendrían que darse muchas circunstancias, hoy por hoy inesperadas. 
Sería una sorpresa, pero con un precedente: el del socialista portugués Antonio Costa quien, apoyado por el Bloco de Esquerda, los comunistas y los verdes, está logrando el aplauso de Europa y de los mercados.
Lo que sí es cierto es que Pedro Sánchez tiene una gran oportunidad en sus manos. Dando el audaz paso que dio, no tenía nada que perder y mucho que ganar, de ahí su amplio margen político. Contando con que haga un buen equipo y sepa ocupar la nueva centralidad política del país, su gestión también va a depender de los vientos de cola –precio del petróleo, tipos de interés, etcétera– y de la marcha de los dos grandes socios comerciales de España: Francia y Alemania. Pero, si aspira a durar lo máximo posible y a agotar prácticamente la legislatura, también dependerá del rumbo que emprenda la UE tras el Consejo Europeo de junio, donde están en juego asuntos de un calado extraordinario de los que en España –ocupada en otros menesteres– apenas se habla.
La base social del populismo y del independentismo –claves para que Sánchez se apoye en ellos para emerger y dejarlos atrás– será más grande o más pequeña en función del rumbo que tome Europa. Una UE donde el Banco Central Europeo se preocupe no solo de la inflación, sino también del crecimiento y el empleo, y una UE con más presupuesto para contribuir al Estado del bienestar hará bajar la espuma del populismo y también del nacionalismo reconvertido en independentismo populista. 
La decisión final, en manos de Angela Merkel, tendrá probablemente más influencia en la economía y en la política española que lo que pueda hacer Pedro Sánchez, que –de entrada– manejará un presupuesto ortodoxo del Partido Popular y solo en 2019 podría tener sus propios instrumentos económicos.
El populismo y el independentismo no brotaron en España por casualidad, sino como reacción a los efectos de la crisis económica. Nada distinto de lo que ha pasado en Italia, Grecia, Irlanda, Reino Unido –con Escocia y el Brexit– y Portugal. La diferencia está en que en unos países el populismo fue de izquierdas y en otros de derechas, y en que países como España y el Reino Unido hay independentistas –dispuestos a romper la cohesión interna– y en otros no. 
Nada de esto es ajeno a lo que se decide en Europa, donde Alemania deberá optar por seguir viviendo cómodamente en la eurozona mientras sus socios se hunden o si, por el contrario, tiene una visión más de medio plazo y sienta las bases para una mayor igualdad. No habrá milagros en ese sentido, tampoco en España, gobierne el PSOE o gobierne el PP.  

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