Miércoles 20.03.2019

Casos reales

Continúa la sangría social de muchas personas y familias, que siguen malviviendo en la exclusión social. Ya no es solo cuestión de dotar de más presupuestos los departamentos de los servicios sociales sino de profundizar en el estudio de las buenas prácticas para una correcta inversión y gestión de los recursos existentes.
Lo peor aún podría estar por llegar, pues nunca deberíamos olvidarnos de lo que ocurrirá cuando llegue la época de la crisis después de la crisis, en la que ya estamos. Si no somos capaces de articular las medidas oportunas, garantizando un salario social o renta básica suficientes para las personas que ya no tendrán oportunidad de acceder al mundo del trabajo o se encuentren en situaciones de incapacidad o invalidez permanente… . 
Hablo con un joven, sin familia, en paro y sin recibir prestación económica. Le comentan que, “legalmente”, no tiene derecho a ninguna ayuda económica, a no ser que el municipio en el que reside, a través de los servicios sociales, le faciliten ayudas de emergencia y alimentos, después de tener que presentar una serie de documentación y con la suerte de que dispongan de los recursos económicos necesarios. 
Me encuentro con una joven, con cierto grado de discapacidad, casada y con hijos menores. Con cuatro miembros de la unidad familiar, solo ingresan cerca de 600 euros mensuales. Con eso tienen que vivir. La joven hace algún tiempo que recurrió a la ayuda de sus padres para que le cuiden y mantengan a sus hijos.  
Otro joven se queja de no poder tomar parte en unas pruebas de selección, convocados en su ayuntamiento, porque se lo comunicaron con apenas tiempo para presentarse. La administración local era consciente de que no tenía ningún tipo de ingreso y que es un parado de larga duración. Es igual, nunca pasa nada… la vida sigue.

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