jueves 04.06.2020

Carta a jóvenes despistados

Hace unos días La Sexta encuestó en la calle a unos jóvenes (de entre quince y veintiún años) sobre la figura de Franco y las respuestas obligan a los que ya cumplimos el triple de esos años, a explicarles esa parte de la historia.
Franco se sublevó –rebelión, golpe de Estado–, armas en mano, contra el poder establecido con ayuda de los fascistas italianos, los nazis alemanes y los moros y la muy estimable colaboración de la Iglesia Católica, que le concedió el título de “Caudillo por la gracia de Dios” y le paseaba bajo palio.
Durante cuarenta y tantos años fundó la democracia orgánica, prohibió los partidos políticos, no el largo de las faldas como apuntaba uno de esos jóvenes encuestados y dejó todo atado y bien atado y a su familia forrada.
Así pues los poderes que apoyaban a la dictadura pasaron a servir a la democracia en organismos tan sensibles como la justicia, la política, el ejército, etc., sin necesidad de penitencia y siempre bajo la mirada complaciente de sus herederos y un cierto cinismo de las potencias que habían derrotado a fascismo y nacismo.
Y los suyos, el franquismo en una palabra, siguen. Están en la lista telefónica; algunos llegaron a presidir comunidades históricas y otros siguen forrándose como el señor Villar Mir.
Mientras sus compañeros de armas tomar –Mussolini, Hitler– acabaron como acabaron, nuestro Caudillo pescaba salmones, firmaba sentencias de muerte y seguía adelante con su plan de atar todo con doble vuelta.
Así pasamos del golpe de muerte a la República a la dictadura del millón de muertos y a la monarquía de la que tenemos ahora dos reyes y otras tantas reinas para el asombro del mundo mundial.
Estos jóvenes encuestados por La Sexta en las calles de Madrid, ya vivieron el golpe de Estado 23-F llevado a cabo por un sector del Ejército en concomitancia con la Guardia Civil y sin duda escucharon en algún telediario que, durante años, en algunos cuarteles se “celebraba” la fecha y que hace bien poco un importante grupo de mandos militares en la reserva, pero cobrando del erario público, defendían al dictador en un manifiesto impensable en otro país.  
Ahora cinco magistrados del Supremo nos cuentan que Franco fue jefe de Estado desde el 1 de octubre del 36, lo que ha causado cierto revuelo en muchas togas. Así están las cosas, queridos jóvenes, y lo peor es que nadie sabe cómo acabarán.

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