• Martes, 25 de Septiembre de 2018

en mayo de 1949 un pequeño barco de vapor partía de Canarias

en mayo de 1949 un pequeño barco de vapor partía de Canarias, rumbo a Venezuela, con 149 emigrantes que huían del hambre, de la dictadura, de la miseria y, como no, muchos de la muerte. En el puerto de Gaurupano fueron detenidos y más tarde expulsados.
Y desde aquella fecha –lo que se conoce como la larga noche de piedra y plomo que duró casi medio siglo– miles y miles de españoles se fueron a buscar la vida a las Américas, a Suiza, Alemania, el Reino Unido, Francia, Australia, etc., con suerte desigual.
Esta realidad está en el ADN de millones de nuestros nacionales y de ahí la respuesta ciudadana ante los migrantes que arriban a nuestras costas en busca de una vida mejor y, muchos, para salvar la vida. Un servidor de ustedes se siente orgulloso de pertenecer a ese grupo y espera que cada vez seamos más en nombre de la solidaridad y, sobre todo, de la justicia.
Cuando crecen en las redes, y son acogidas como cuestión de fe por algunos, mentiras que aseguran que al llegar aquí en pateras te dan quinientos y pico euros o los que se quejan de que los servicios de “nuestra” Sanidad se ve colapsada por los miles de millones de migrantes no reflexionan que el sistema solidario permite a unos –por culpa de su mala salud– “gastar” el doble, o el triple, de otros que, afortunadamente, nunca fueron al médico…pero que pagan lo mismo para el mantenimiento del sistema.
Un sistema solidario como la Universidad donde miles de ciudadanos pagan –vía impuestos– una cuota parte para que vayan otros. Hay quien tiene como prioridad a su familia, su perro, su coche, su barco o su avión y los que nos dicen que piden ¿ahora? a nuestros gobernantes como gastan los dineros que “salen de las arcas públicas” cuando, la verdad es que los dineros salen de nuestros bolsillos (impuestos, tasas, etc) para que ellos los repartan en justicia y con solidaridad.
Hay un nicho inexplorado (setenta mil millones en fraudes) y otro asunto muy conocido (la amnistía fiscal) y otra ¿trampa? localizada en los contratos precarios que engañan en el precio y horarios, por citar a vuela pluma algunos de los más conocidos por todos y que, al parecer, hasta la llegada de los migrantes nadie conocía.
Ah, por cierto: no se preocupen que casi todos quieren irse a Francia o Alemania. Como nuestros jóvenes. Fuera como los de La Elvira.