miércoles 28/10/20

Salud, dinero y milagros

Hemos cambiado el amor de la canción, por el milagro atribuido a muchas medicinas y prácticas médicas. Ya saben: es un milagro que siga con vida; milagrosamente se puso bien en tres días. Parece un milagro: ayer en coma y hoy comiendo marisco...

Hemos cambiado el amor de la canción, por el milagro atribuido a muchas medicinas y prácticas médicas. Ya saben: es un milagro que siga con vida; milagrosamente se puso bien en tres días. Parece un milagro: ayer en coma y hoy comiendo marisco...
Pues bien, estos días con la medicina milagrosa contra el ébola y la repatriación de un misionero, la ciudadanía hizo cuentas, oyó distintos cuentos y recordó algunas verdades como puños.
A la alegría del rescate le sigue el cabreo por los enfermos que no pueden acceder a unos medicamentos, aquí en España, pues son muy caros para la sanidad pública. La rabia por la falta de ambulancias, de ambulatorios y de camas en cientos de pueblos de Castilla-La Mancha, donde, por cierto, no hace falta un avión para llegar al hospital de la capital sino una ambulancia o un taxi. Indignación no al despliegue hecho en el hospital Carlos III de Madrid, sino por el cierre de doscientas camas en Galicia y siete mil quinientas en todo el imperio.
Ya se sabe que morimos todos y que así es la vida y que, incluso, está la buena vida…pero es más cara. Ya sabemos que mientras un enfermo (un servidor, por citar a alguien que conozco), tendido en una camilla, esperaba en el pasillo del que entonces era el Juan Canalejo, o “noso presidente” estaba siendo atendido en media planta…
Por esas, y otras cosas, el pueblo llano –o sea todos menos lo que se conoce como autoridad civil, militar y religiosa– está que “bufa”. Por ejemplo, Álvaro Cosculluela que, en cartas al director, cuenta que otra española, que enfermó en Argentina donde había ido a buscarse la vida, permaneció ingresada en aquel país durante meses pese a que la familia había solicitado una ayuda al Gobierno para pagar 114.000 euros. Allí se murió y por eso recomienda que quienes embarquen al extranjero lleven un rosario, una biblia para ser repatriados. Si no, será de milagro.
Y luego están las medicinas milagrosas: esas que son carísimas y que los laboratorios manejan, milagrosamente, entre el primer mundo (o sea, los ricos) mientras es un milagro, aquí mismo, que te atienda el Sergas antes de tres meses, encuentres la medicación sin copago y, finalmente, un hospital sin vender a la iniciativa privada y con una planta llena de camas.
Lo dicho: la salud es cara o es un milagro.

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