• Viernes, 21 de Septiembre de 2018

Resistir e insistir

Ya lo decía la canción: cuando no haya ley de dependencia,

Ya lo decía la canción: cuando no haya ley de dependencia, paguemos por la educación cuando el hospital sea de pago y paguemos por la transfusión, resistiremos. Y a esto, se añade la deuda, los nuevos recortes que nos pide Europa, el trabajo mal pagado y la pensión una burla, hay que resistir e insistir.
Cuando la corrupción es más que una charca llena de ranas, cuando se rescata a la banca y se recompensa a los grandes constructores, hay que insistir.
Y por eso, otra vez, lo harán a pie de calle los jubilados, los médicos, los empleados de justicia, los policías, los estudiantes, las amas de casa, los jóvenes sin futuro y los mayores con el futuro más negro que uno de esos túneles donde el AVE llegará (es lo prometido en 2020) trece años más tarde.
Aquí mientras el Partido Popular presiona al Gobierno central para agilizar las infraestructuras pendientes, con la boca pequeña, se reconoce que por los precedentes –se ha cumplido el 60 por ciento de lo prometido–, las cosas no pintan tan bien y a esto debe unirse que los dineros de Europa serán cada vez más escasos.
Y en el caso de A Coruña hay agravios con nombre y apellido: la Asociación de Amigos de la Ópera denunció recientemente que el Ministerio de Cultura discrimina a la ciudad, puesto que la cantidad aportada (75.000 euros) es la menor de todo el Estado.
No se extrañen, pues, de que hoy, primero de mayo, los ciudadanos que han resistido los años de penuria, ahora cuando desde Moncloa hablan de que las cosas van viento en popa y a toda vela, exijan su cuota parte en esa bonanza que solo llegó a unos pocos.
Y teniendo reciente el discurso del portavoz del Gobierno, Íñigo Méndez de Vigo, defendiendo una posible subida de las pensiones del 3 por ciento, la pensión media de seiscientos euros supone dieciocho al mes, lo que no da para un café diario y, además, hay que contraponerla con la subida de los artículos de primera necesidad y el alza de los precios de los fármacos.
Y no hablemos de las “kellys”, o de las trabajadoras del sector del calzado en Elda, que han contado en la televisión que son las esclavas del siglo XXI, por no citarles de los jóvenes, explotados en salario y horas o quienes, como algunos de esos repartidores que llenan las calles, tienen que pagar para que les den trabajo.
Hoy, primero de mayo, lo reclamarán en las calles.