domingo 20/9/20

Fuese y no hubo nada

Hay que ver cómo se lanzan sus señorías a la arena en vísperas de irse de vacaciones. Se entregan con denuedo a un último esfuerzo, un arreón antes del merecido, merecidísimo, descanso.

Hay que ver cómo se lanzan sus señorías a la arena en vísperas de irse de vacaciones. Se entregan con denuedo a un último esfuerzo, un arreón antes del merecido, merecidísimo, descanso. ¿Y para qué era? Ah, sí, para escuchar una explicación que, como lo-que-sea-suyo-que-es, se les debe, y esa explicación que se les debía se les dio. Antes, minuto de silencio y paripé.
El asunto era negar que se tenía algo que ver con un señor que está en la cárcel por hacer, presuntamente, claro, cosas feas con el dinero. Y si Pedro negó al Redentor y llegó a papa, primero, y a santo, después, y además tiene las llaves del Paraíso, pues qué no haría yo -pensaría el chico de la película- pobre mortal lleno de defectos, con tamaño felón que ha querido salpicarme a mí y mi partido con viles mentiras, infamias y trapisondas. Y así fue. Rajoy saltó a repartir tortas antes de recibir el primero. Con una elocuencia de las de antes y un alto estilo parlamentario, al decir de sus palmeros, largó un discurso medido y preciso en el que admitió, asumió, derivó, se excusó con un “lo siento, me he equivocado” y, finalmente, negó y renegó. Fin del asunto.
Y para eso tanta gaita. Los de la oposición afilaron las uñas, pero se les vuelven retráctiles cuando se acuerdan de lo de las barbas del vecino. Así que cuando querían rugir, maullaban, y cuando intentaban dar zarpazos cazaban moscas, no vaya a ser que los devolviesen multiplicados. Así que para eso se montó todo el tinglado. Si hasta pareció que estos hacen algo. No fue más que un nuevo episodio del “yo no, pero tú más” con el capote parlamentario con el que se visten habitualmente las tanganas entre políticos. Y siempre por la corrupción, aunque se intente maquillar metiendo con calzador el descenso del paro, el crecimiento, el optimismo y lo bien que estamos haciendo las cosas. Una tramoya para acusar unos, sin pruebas, y para defenderse, también sin pruebas, otros con firmeza, serenidad y mucha cara, sin aportar credibilidad. Basta con decir “yo no sé nada”, “yo no he sido” o “a mí que me registren”. Y ya está, fin de la cita. Para este viaje no se necesitaban estas alforjas. O para esas alforjas, vacías, no era necesario el viaje.
Gritos, amenazas, desplantes, abucheos... Y los del pueblo seguimos sin enterarnos. Ahí están, los padres de la patria, aireando los trapos sucios. El circo parlamentario. Los payasos ya se repartieron los obligados guantazos. Lo sabemos, suenan fuerte, pero no hacen daño. Y ahora, las vacaciones. Las once dan, yo me duermo... quédese para mañana. El jueves se escenificó el estrambote cervantino: Y luego, in continente,/caló el chapeo, requirió la espada/ miró al soslayo, fuese y no hubo nada.

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