• Viernes, 17 de Agosto de 2018

Impudicia y desfachatez

Pocos días después de romper el posible acuerdo sobre un pacto

Pocos días después de romper el posible acuerdo sobre un pacto educativo, por discusiones presupuestarias, el PSOE ha llegado a un compromiso con el PP, también sobre asuntos presupuestarios, pero referidos a la financiación de los partidos.
Llevan los dos grandes partidos intentando una reforma educativa, desde hace cuarenta años, sin que hayan podido alcanzar un concierto, pero en muy pocos minutos convinieron en algo que siempre les asusta: reformar la Constitución. ¿Y qué es lo que van a reformar?
Pues van a articular una disposición en la cual se consagre que los partidos sean subvencionados por los contribuyentes, les voten o no les voten. La educación de millares de niños, la descabellada división de los nacionalismos, convirtiendo cada autonomía en una taifa escolar, eso no es grave y puede esperar, pero el ingenio se agudiza cuando hablamos de la nómina y de las cosas de comer.
Sería difícil que el PP, Ciudadanos y el PSOE se pongan de acuerdo en los presupuestos, que todavía están sin aprobar, pero hay detalles que no se les escapan, y con una eficacia tremenda, inusual, juntos y en armonía, quieren dictaminar que las empresas en las que ellos prestan servicios cuenten siempre con el capital suficiente para atender a sus necesidades y salarios.
Ya sabíamos de la impudicia de los partidos políticos, cuando se trata de lo suyo, pero esta desfachatez casi supera episodios anteriores. Y no digo cinismo, porque los cínicos eran personas frugales, y en la escuela fundada por Antístenes predominaba la ironía contra el sistema. La escuela de gobierno que ha cerrado el PSOE hace un par de días no debía tener nada que ver. Y ni Pedro Sánchez es Metrocles, ni Rajoy es Onesicrito de Astipalea, ni Rivera es Diógenes de Sinope. Ellos son cínicos, pero en la degradante acepción de desenvueltos, descocados y frescales.