Sindicatos, políticos y robots

hasta ahora los robots que conocemos son bastante primarios

hasta ahora los robots que conocemos son bastante primarios, como los cajeros automáticos. No obstante, su simple aparición ha causado ya una depuración de puestos laborales en la banca.
Falta la nueva generación, que será mucho más evolucionada, hasta que lleguemos al robot sofisticado que sustituirá al catedrático en el aula, y responderá a cualquier pregunta, contestando con precisión qué es un anacoluto o en qué consiste la teoría de las cuerdas. Intentar proyectar cómo será el futuro en compañía de los robots viene a ser algo así como si a finales del siglo XVIII, ante los balbuceos de los globos aerostáticos, alguien se hubiera puesto a vaticinar cómo iba a ser el aeropuerto de Frankfurt en el siglo XXI.
Los hay que ya teorizan sobre la inutilidad de estudiar Química para luego tener que lavar y asear a un anciano decrépito, que será una de las pocas actividades que no harán los robots. Y están los optimistas que sueñan con un mundo, como el de los griegos, donde los ilotas serán sustituidos por criaturas robóticas, que alguien tiene que trabajar, cultivar y cocinar, para que los demás puedan pensar.
En el seno del movimiento sindical, por lo que he escuchado estos días, la robótica es algo que tardará un par de siglos, y se han soltado frases dignas de los lejanos tiempos de la revolución industrial.
Por cierto, tardamos casi cien años en admitir que el neolítico se había acabado y que existían fábricas, y máquinas, que eran manejadas por hombres. Pero si en el movimiento sindical no se ha arrugado ni una sola neurona ante uno de los cambios más revolucionarios que vienen, en los estamentos políticos, preocupados siempre por el horizonte del futuro que más les interesa que son las próximas elecciones, les debe parecer una extravagancia.
Y, sin embargo, la revolución industrial será a la robótica, lo que la imprenta fue comparada con la digitalización e Internet. Pero a los empresarios, sindicatos y políticos, les debe parecer algo tan inaudito como lejano.