• Sábado, 22 de Septiembre de 2018

El abuso del poder político

Cifuentes se quiso hacer pasar por la más honesta

Cifuentes se quiso hacer pasar por la más honesta y luchadora contra la corrupción después de haber robado dos botes de cremas en un supermercado siendo vicepresidenta de la Asamblea de Madrid, tal como se ve en el vídeo en del 2011, y pervertir la universidad Juan Carlos para conseguir un máster con fraude. A pesar de todo fue ascendida a delegada de Gobierno de Madrid y luego presidenta de la comunidad y del partido.
Fue presentada y usada por su partido como la paloma blanca y azote de la corrupción, e indirectamente,  contra sus antecesores en el cargo sin darse cuenta de que tenía los pies de barro. Pero lo que resulta chocante, una vez más, es que la dirección del PP se volviera a quemar para defender su irreprochable conducta a sabiendas de su historial. Cuando un partido empieza por tolerar pequeñas corruptelas, poco a poco se va convirtiendo en una organización para delinquir.
Ningún partido se libra de tener corruptos, también los hubo en la dictadura, pero en democracia nadie esperaba que hubiera tanta y que contaran con la protección de las cúpulas de sus partidos. Aprovechando que los partidos se ven obligados a modificar una vez más el código penal con motivo de la violencia de género de La Manada ante el escándalo provocado por una sentencia “light”, para que todos los jueces vean lo mismo y apliquen la ley atados por igual, también se puede aprovechar para que los partidos cumplan el Art. 6 de la Constitución y para que sean democráticos y sus responsables paguen por no cumplir las leyes y programas y por encubrir a corruptos.
Aunque hay leyes de sobra para condenar a cargos públicos que cometan delito y paguen por ello; lo mismo hay leyes que dicen que al tener conocimiento de  un delito tiene la obligación de denunciarlo. Lo que está claro que por muchas leyes que se hagan, si los fiscales y jueces no las hacen cumplir, estaremos en las mismas. Pero lo que cualquier político debe saber que es el principal responsable de las normas, y también saben que apropiarse de lo ajeno es delito.
La desviación de poder en beneficio propio, o de terceros testaferros es perjudicial para el interés general.
Resulta patético que elijamos partidos para gobernar, en la confianza de que administren bien y lo hagan honestamente, y luego hagan todo lo contrario, perjudicando gravemente la democracia, causando desafección y mala opinión de la clase política. Los partidos están obligados a perseguir la corrupción, no a fomentarla como ocurrió en los distintos presidentes de la Comunidad de Madrid y en otros lugares.  Asi jamás podrán tener credibilidad nuestros políticos al ver que se organizan a modo de mafias, causando daño a la sociedad y a políticos honestos que de todo hay.