• Martes, 18 de Septiembre de 2018

La simbología de la corrupción

O acabamos con la corrupción de los manda más, o ellos acabarán con la democracia 

O acabamos con la corrupción de los manda más, o ellos acabarán con la democracia y el Estado de Derecho como vino pasando a lo largo de más de 200 años por cosas parecidas al no respetar las reglas, ni en las dictaduras, ni siquiera, ni en los  breves periodos  democráticos. Ahora volvemos a encontrarnos en le encrucijada, o vencemos esta lacra corrupta, o mal lo vamos a pasar. 
Lo malo de la corrupción no es enriquecimiento injusto, lo peor es que corrompe las mentes de la gente,  y estas a su vez hacen perder la confianza en las instituciones, cada vez dejan de funcionar, ensucian la moral pública, destruyen la ética, la dignidad, las convicciones cívicas de la gente, de las personas que tienen la responsables públicas de dar ejemplo.
Es urgente parar este chorreo de corrupto de cuello blanco, con imagen de salvadores, nos mienten constantemente, no cumplen las promesas hechas cada vez que se presentan a las elecciones y cuando les cogen con las manos en la masa, vuelcan toda la organización del partido y el poder que tienen en sus manos para negarlo y tapar todo. Y ahora como hay cientos de imputados a la vista, nos quieren engañar cambiando el nombre (investigado), nueva astucia, algunos son levemente condenados, pero sin devolver el dinero robado y otros quedan absueltos por prescripción. Esto les pasa por falta de responsabilidad de los dirigentes de los partidos, tirándose a la cara, unos a otros, “tu tienes imputados, nosotros, no”. En vez de echarlos de sus partidos.
Todos estos años que estuvimos de fiestas la corrupción a nadie le preocupaba, había cargos públicos que salían reelegidos como si nada hubiera pasado.
Solo la catástrofe económica, los recortes y el hundimiento de cajas por las tramas corruptas, con raíces  en las instrucciones públicas, hicieron abrir los ojos al electorado y la justicia está actuando levemente a personajes que nos hicieron creer que eran ejemplares, eran simbología, ejemplos a seguir. Aparecen pequeñas condenas, en proporción al daño causado, pero no fueron condenados a devolver los millones robados, cosa inaudita, ya que con unos pocos años de cárcel, se hacen millonarios que jamás los ganarían trabajando en toda su vida.
Lo de lo  corrupción lo sabíamos, pero todos mirando para otro lado, sin tener en cuenta que a la larga traería consecuencias. Se fue en la dirección contrataría a la filosofía democrática y del Estado de Derecho, cada responsable público, hizo lo que le vino en gana sin control.  Peor que en la monarquía absoluta del Rey Carlos III, que en Marzo de 1766 su mano derecha, el Marqués de Esquilache le oculto el descontento del pueblo por altos impuestos y el encarecimiento del pan; pero la gota que colmó el vaso fue prohibir el sombrero de ala ancha y la capa con la escusa de ocultar armas. Miles de madrileños aparecieron armados con herramientas del campo para asaltar el palacio del Rey, y el Rey cesó a su hombre de confianza, le saco los impuestos y les devolvió el derecho de usar capa y el sombrero de ala ancha.
Mientras que en esta democracia las manifestaciones  por abusos del poder, ni caso. Una cosa es predicar y otra dar trigo. Decir que todos somos iguales ante la Ley es una falacia, la realidad es otra. No puede haber  democracia real, si no hay una real confianza en nuestros representantes.