La derecha metemiedos

El tratamiento que se está haciendo en España del problema de la inmigración es tan rocambolesco como el que vemos sobre otras importantes cuestiones.

El tratamiento que se está haciendo en España del problema de la inmigración es tan rocambolesco como el que vemos sobre otras importantes cuestiones. ¿Llegará alguna vez el día en que seamos capaces todos de aplicarnos de verdad en la solución de los grandes problemas, en lugar de este dale que dale con los “argumentos” más estúpidos y vacíos de contenido y de soluciones? Albert Rivera, por ejemplo, acaba de acusar al Gobierno de provocar el “efecto llamada”, al tiempo que el PP trata de meter miedo con lo que vaticina como llegada nada menos que de “millones” de inmigrantes. Desde la derecha doble solo llegan mensajes por el estilo.
Meter miedo, exagerar sin freno y no aportar ninguna idea ni propuesta seria de solución es la “estrategia” de los dos partidos de la derecha, pese a la juventud de sus dos primeros dirigentes y a la palabrería que se gastan en afirmaciones gratuitas. Cualquier cosa, menos proponer soluciones teñidas de algo de realismo y de generosidad ante las gentes peor acompañadas de la suerte del mundo.
Y no digamos del tratamiento del problema a nivel europeo y a nivel de ese conjunto de gobiernos de extrema derecha que se autoerigen como únicos depositarios de las credenciales de bienestar y de respeto a sus necesidades en igualdad con los países más charlatanes e infradotados intelectualmente de todo el continente.
Pero es que la izquierda europea tampoco se encuentra en disposición de levantar con brío la bandera del respeto a los derechos humanos en el terreno de la inmigración, una de las grandes consecuencias de la injustísima distribución de la riqueza, vigente desde la gran explotación de los más débiles durante siglos. Yo veo que también en esto hemos retrocedido y que nadie se esfuerza en hallar soluciones rápidas y eficaces a los problemas que lleva consigo la inmigración.
Nos escandalizamos mucho con Gobiernos como el italiano, pero no pensamos en que los grandes excesos de sus dirigentes relacionados con la inmigración se facilitan con la pasividad, el egoismo y la desidia de los dirigentes de los países teóricamente más progresistas o regidos por personas no situadas en el batallón de la vergüenza y de la indignidad.
A la izquierda española es preciso enviarle alguna advertencia o toque de atención, pues lo cierto es que no se puede comparar con la derecha ni nacional ni extranjera, pero tampoco se exceden ni se pasan de ninguna raya en el esfuerzo por encontrar caminos de justicia distributiva y de equidad en las soluciones a problemas tan graves como los relacionados con la inmigración.
El nuevo Gobierno tiene que esforzarse en encontrar la unidad de acción para una colaboración múltiple ante problemas tan graves como los que vienen relacionados con la inmigración. De sobra sé que escribir esto es fácil, pero mucho más fácil es tumbarse a la bartola, despreciar al ser humano que no es como uno y ejercer una política de crueldad como la que prolifera. Y pido que escuchemos a personajes de gran talla moral y de intenciones inequívocas de cambiar el mundo actual. Me refiero en primer lugar al papa Francisco, al que mucho se elogia y poco se hace caso.