• Martes, 25 de Septiembre de 2018

Nadie le llevó algo caliente

Con la que montó el Gobierno para ponerle un piso en Madrid, y la operación retorno de Navidad en medio de la nevada del siglo le coge en Sevilla. Este Gregorio Serrano, responsable de la Dirección General de Tráfico por decisión de su amigo Juan ignacio Zoido, que no por lo instruido y competente en materia de Tráfico como se va viendo.

Con la que montó el Gobierno para ponerle un piso en Madrid, y la operación retorno de Navidad en medio de la nevada del siglo le coge en Sevilla. Este Gregorio Serrano, responsable de la Dirección General de Tráfico por decisión de su amigo Juan ignacio Zoido, que no por lo instruido y competente en materia de Tráfico como se va viendo, es todo un deparador de sorpresas, bien que ninguna agradable.
Nadie se acercó a llevarles algo caliente, siquiera un café o un caldo, a las miles de personas que permanecieron atrapadas durante horas y horas en la autopista AP-6, entre Segovia y Madrid. 
La situación de dicha carretera era chunga esa noche, pero cuando se está en un tris de llegar a Marte, no debe ser del todo imposible acercar unos termos y unas mantas a quienes, a pocos kilómetros de la capital de un país europeo, se hallan encerrados en el interior de sus coches, rodeados de nieve, guarecidos en precario de la helazón. 
Solo con la llegada, al amanecer, de los soldados de la Unidad Militar de Emergencias, que a pura pala se emplearon en sacarlos de allí, se vio algo relacionado con la obligación de un gobierno de velar por la seguridad y el bienestar de los ciudadanos.
Naturalmente, Serrano, que estaba en Sevilla tan campante, le achaca la responsabilidad de lo sucedido a la concesionaria de la autopista, como si en vez de una concesión administrativa fuera una enajenación de una parte del territorio de soberanía nacional. 
Como si la concesionaria, que desde luego tampoco anduvo muy fina, hubiera hecho una DUI a lo Puigdemont y la DGT no tuviera en la gestión de esa vía ni arte ni parte. Naturalmente también, nuestro Gregorio Serrano no ve razón alguna para dimitir.
Sin embargo, las miles de personas abandonadas a su suerte en la noche helada sí ven razones para esa dimisión, pero no solo ellas, sino el conjunto de partidos políticos que representan a una mayoría de españoles y que, de entrada, le piden a Serrano que vaya dando explicaciones. 
La trampa blanca se saldó, por fortuna, sin daños irreparables, pero ya que los partidos han emplazado a explicarse al todavía jefe de la DGT, que les explique también la razón de la cada vez mayor siniestralidad en las carreteras.