miércoles 15.07.2020

Marco Bruto González Márquez

Nunca han soportado los dirigentes, entre barones 

Nunca han soportado los dirigentes, entre barones y condesas, la figura de un secretario general elegido y respaldado por los afiliados y simpatizantes, el primero en la historia del partido. Fue usado, en principio, cual marioneta, por Susana Díaz para cerrar la puerta a un Madina en ascenso al que la condesa de Andalucía vetaba. Aquel muchacho fotogénico de sonrisa fácil, fue desarrollando un sexto sentido, con más vidas que un gato. Los históricos socialistas, los jóvenes trepas y los presidentes autonómicos con equilibrios difíciles, se fueron agrupando y orquestando una jugada que les sirviera la cabeza de Sánchez en bandeja. Nunca en la historia del Partido Socialista se había vivido un suceso tan indigno y de tal gravedad. 
García Page, Ximo Puig, Tomás Gómez, Micaela Navarro y así hasta 17 dimisiones. Entre intrigas y juego sucio traicionan a las  bases. Faltaba el brazo ejecutor y apareció Marco Bruto González Márquez para asestar el golpe final a César y cambiar el rumbo hacia aguas más dóciles para los intereses de aquellos a los que defienden. No podía ser otro el traidor, la historia le persigue, tiene la pana manchada de la sangre del César, cuando todavía existen reflejos de cal con equis difusas. Diluyó el socialismo de marca en una socialdemocracia descafeinada. Prostituyó los principios de miles de socialistas, ante aquel engaño de OTAN no, pero sí. Suresnes le dio el poder, aupado por Willy Brandt y los fondos de reptiles, manejados por la CIA.
Todavía resuenan los resultados de Galicia y Euskadi. No han asimilado que ya no representan a una parte importante de la izquierda. Se niegan a admitir que los 71 diputados de Podemos, en gran parte, son fruto del goteo de un partido desnortado, fruto de la pérdida de identidad. Ya nadie se cree las siglas que hace décadas que dejaron de ser “Obrero”, al tiempo que se abandonaba el socialismo.  
“Se ha pretendido que los militantes no hablen y eso es muy grave”, decía Cesar Luena en la rueda de prensa en la que anunció como fallido el intento de golpe de mano institucional del “grupo de los  diecisiete”, en un acto vergonzoso y vergonzante. “Los muertos que vos matáis gozan de buena salud”, decían los clásicos y cobra vigencia en estos días de cuchillos largos en los pasillos de Ferraz con una Ejecutiva Federal del PSOE, fragmentada y al borde del colapso.  
Sea cual sea el resultado final de este golpe encubierto, sólo queda la esperanza, por remota que sea, de que los socialistas de base recuperen la ilusión y el control de un partido en manos de viejos dinosaurios, escondidos en consejos de administración y que representan lo más zafio y soez de aquel socialismo que llegó a ilusionar a una mayoría social, mediante sombras chinescas. El cisma es una probabilidad que gana enteros; se han superado líneas que hacen difícil restañar heridas. Es posible que Pedro Sánchez tenga las horas contadas, es posible que algunos baroncillos dejen de serlo, al tiempo que a la condesa le roban las joyas. Lo que es seguro es que el Partido Socialista Obrero Español transitará por un extenso desierto sin la protección que da la sombra de la política como servicio público. 

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