jueves 19.09.2019

Cordones sanitarios

Bien se sabe que en origen la expresión cordón sanitario denota la barrera impuesta al libre movimiento de personas para prevenir o evitar la expansión de una enfermedad infecciosa dentro de una determinada área geográfica. Como metáfora, el término se aplicó con el tiempo a la contención ideológica que el primer ministro francés Clemenceau predicaba en los primeros meses de 1919 para que los Estados fronterizos que se habían separado del imperio ruso formaran una unión defensiva encaminada a poner en cuarentena la extensión del comunismo  en Europa occidental.  

Y está, finalmente, su aplicación a la vida parlamentaria como expresión de los vetos que los partidos se ponen unos a otros a la hora de establecer alianzas y pactos. Es un recurso introducido en el discurso político a raíz de un problemático Gobierno de coalición que se gestaba en la Bélgica de finales de los 80 y que está haciendo furor en la España de hoy.

En nuestro país el primer gran cordón sanitario de los últimos tiempos fue el célebre pacto del Tinell (diciembre 2003), con el socialista Iceta a los fogones, en virtud del cual PSC, ERC y los herederos del comunista PSUC birlaron al pujolismo el gobierno de la Generalidad catalana. Cimentaron su acuerdo en el aislamiento del Partido Popular.
Tras el primer triunfo electoral de Rodríguez Zapatero y de la mano del hoy santificado Pérez Rubalcaba, doce grupos políticos firmaron (2004) otro convenio para el arrinconamientodel PP, al que cínicamente se le llamó Acuerdo por el pluralismo. En su virtud, el Partido Socialista se aseguraba la mayoría en los órganos de gobierno de Congreso y Senado. Con todo, nunca como ahora los cordones sanitarios políticos han gozado de tan excelente salud, hasta el punto de estar monopolizando el presente tiempo preelectoral. Nada van adelantando los partidos sobre programas de actuación. Casi todos, de momento, están a vetarse unos a otros. 

Complicados, por no decir imposibles, van a resultar, pues, acuerdos de investidura y de gobierno, habida cuenta de la fragmentación parlamentaria resultante que se da por descontada cuando el 28-A cierren las urnas. Es como si pretendieran empezar a construir la casa por el tejado. 

En más de un caso, sin embargo, todo ello tiene visos de postureo y pura táctica de campaña. Habrá que ver cómo justifican su probable incumplimiento cuando la aritmética así lo requiera para acceder al poder. Porque ya sabe que la política hace extraños compañeros de colchón. Si hay que desdecirse, no pasa nada.

Tal vez el veto que más ha llamado la atención ha sido el de Ciudadanos a Pedro Sánchez y al Partido Socialista. Quizás así lo ha proclamado ya ante la desconfianza que Rivera despierta en los calderos de la derecha donde pretende electoralmente pescar. Porque sus querencias hacia la izquierda son claras y manifiestas.

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