Viernes 19.04.2019

La economía aguanta

La desconfianza de Bruselas en la economía europea se agrava, como se deduce de la nueva revisión a la baja de las previsiones de crecimiento para este año y el próximo. La debilidad sobrevenida de Alemania y, sobre todo,  de Italia  está en el centro de las preocupaciones de  las autoridades comunitarias.

Y es que los datos del último trimestre del año pasado han sido tan malos que han generado un efecto arrastre, lo que unido al débil impulso en el arranque de 2019 han provocado un recorte sustancial de previsiones anteriores. El grueso del ajuste se ha producido, como decimos, en Italia (un punto menos que en los pronósticos previos), Alemania y Holanda (siete décimas menos en ambos casos). Francia y España aguantan mejor el pulso de la desaceleración (sólo una décima por debajo de lo anticipado hace tres meses), aunque ello no quiere decir que nuestra economía esté exenta de riesgos.

Italia es, en efecto, el primer país de la eurozona que ha sobrepasado el límite psicológico de la recesión técnica, lleva dos trimestres seguidos en crecimiento negativo y la deuda pública anda por el 130 por ciento del PIB y con vencimientos para el año en curso por valor de 350.000 millones de euros. Y ya se sabe, cuando Italia estornuda, Europa tiembla.

Sobre España, Bruselas no esconde su recelo ante dos medidas clave del Gobierno: la subida del salario mínimo interprofesional (SMI) y el impuesto sobre determinados servicios digitales o tasa Google, como mejor se la conoce. A su juicio, el SMI enfriará el mercado laboral. Y aunque admite que tendrá el impacto positivo de elevar el poder adquisitivo de los trabajadores, estima que también ralentizará la creación de empleo.

Las autoridades comunitarias han sido así la última institución en sumarse a las críticas a este, para muchos observadores, desproporcionado incremento. Ya lo habían hecho el servicio de estudios del BBVA, el Banco de España, la Autoridad independiente de Responsabilidad fiscal (AiREF) y la agencia Moody’s, que calculan la pérdida de hasta 300.000 empleos en el largo plazo.

Por otra parte, subsisten más que dudas sobre la recaudación de la tasa Google. Se trata de un impuesto con todavía muy corta experiencia, ya que son pocos los países que han establecido una figura similar. El Gobierno, no obstante, prevé unos ingresos por este concepto de 1.200 millones de euros anuales, aunque no faltan cálculos solventes que lo dejan en 360 millones, esto es 3,3 veces menos que lo estimado. 

Los expertos no pasan por alto que todo este escenario  de atonía económica se produce cuando el Banco Central Europeo ha iniciado la normalización de su política monetaria sin que los distintos Gobiernos de la UE hayan aprovechado el tiempo de bonanza de los últimos años para poner en marcha reformas estructurales pendientes. Muy probablemente el siempre compresivo presidente del BCE, Mario Draghi, habrá de levantar el pie.

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