Viernes 16.11.2018

Primarias hasta el final

a la vista del apretado resultado de la primera vuelta y del equilibrio

a la vista del apretado resultado de la primera vuelta y del equilibrio de fuerzas en el discurrir de la campaña, parecía claro que tanto Sáenz de Santamaría como Casado iban a librar su último pulso en el mismo congreso con sus respectivos discursos ante los algo más de tres mil compromisarios presentes.
Se recordaba al respecto estos días el antecedente del Partido Socialista cuando en su congreso de julio del año 2000 un candidato sin posición orgánica más allá de la de diputado raso, Rodríguez Zapatero, se hizo con la secretaría general de la organización derrotando por pocos, pero decisivos votos al todopoderoso José Bono. Hubo entonces muchas explicaciones al vuelco producido sobre los pronósticos previos, pero entre ellas no faltó el efecto del discurso de presentación del que habría de resultar inesperado vencedor.
Un poco lo mismo cabe concluir de la elección de Pablo Casado al frente del Partido Popular. En su alocución entró de lleno en el debate de ideas que se demandaba con un vibrante discurso, vitalista y sobre todo ilusionante para la alicaída militancia; sin papeles, ofreciendo principios, valores, renovación y orgullo partidario, frente al discurso más frío y gris, deslavazado y hasta cursi con lo del abanico bicolor de la ex vicepresidenta.
Partió como el tercero en discordia, detrás de la propia Soraya y de la entonces secretaria general, María Dolores de Cospedal. Y sin el más mínimo apoyo de la cúspide del partido, que prefería un candidato único –mejor, ella–y por lo rápido. Pero Casado luchó hasta el final por el pleno derecho de los compromisarios a elegir entre más de una opción.
Su apelación a la libertad de estos para decidir sin presiones superiores pudo resultar muy eficaz de cara, sobre todo, a ese contundente resultado final que le ha permitido dar la vuelta al marcador del primer tiempo. “Es vuestra decisión –reiteró– soberana, libre y democrática”. Y así lo hicieron los compromisarios, de los que no conviene olvidar que habían sido elegidos antes por los propios militantes.
Ya con el semblante más serio, como plenamente consciente de la responsabilidad que le había venido encima, el nuevo presidente desgranó como cierre del congreso los diez principales puntos de su programa político. Mucha y difícil tarea le queda por delante. No sólo para reconstruir las costuras internas que puedan haber quedado tocadas en las primarias habidas, sino también para recuperar Gobiernos de todo orden perdidos en estos años de atrás.
Un par de veces al menos se refirió Pablo Casado a la necesidad de volver a “liderar España”, de ganar las elecciones por venir y de hacerlo con esas “mayorías suficientes que nos hicieron grandes”. Complicada tarea –digo– porque bien se sabe que al Partido Popular en particular no le basta con la victoria en las urnas y que el tiempo de las mayorías absolutas se está terminando para todos.

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