domingo 20.10.2019

Tiempo de Navidad

inco siglos después de que el pueblo de Israel, por decreto de Ciro, rey de Persia, retornara a la patria; en la 19 Olimpiada de Grecia; en el año 752 de la fundación de Roma; en el 42 del reinado del emperador Octavio César Augusto, y cuando una inmensa paz reinaba sobre la tierra, en Belén de Judá, pueblo humilde ocupado entonces por los romanos, en un pesebre, porque no habían tenido sitio en la posada, de María virgen, esposa de José, de la casa y estirpe de David, nacía hace 2018  años el Mesías y Salvador de los hombres que ansiaban la llegada. Es la Navidad; la gran fiesta que el orbe cristiano que dispone a conmemorar estos días. 
Como comenta el papa emérito Benedicto XVI en su obra “Jesús de Nazaret”, Jesús no nace y se presenta en la atemporalidad del mito. Pertenece a un tiempo que puede ser fechado y a un espacio geográfico que puede ser designado con precisión.
Bien se sabe que la razón por la que José va de Nazaret a Belén con su esposa María se encuentra en el censo que había ordenado el emperador Augusto, cuyo objetivo era determinar y recaudar impuestos. Un censo “del mundo entero”, según señala el evangelio de san Lucas. 
Por primera vez así de ambicioso se pretende. Por primera vez hay un reino que abarca todo el orbe. Por primera vez hay un gran espacio de paz en el que los bienes de todos pueden ser registrados y puestos al servicio del conjunto. Y en ese entorno de totalidad hace su entrada en el mundo el mensaje de salvación universal que nace con el Niño de Belén.
Por las condiciones de entonces, el censo hubo necesariamente de hacerse con lentitud. Según algunos entendidos, se extendió a lo largo de dos años y tuvo dos grandes etapas. La primera correspondería a los tiempos del nacimiento de Jesús. 
Los interesados tenían que personarse en el lugar donde poseían bienes raíces. Es de suponer, pues, que José, de la casa de David, dispondría de algún terreno en Belén, de modo que hubo de ir allá para cumplir con lo preceptuado. Y en ese desplazamiento es cuando nace el primogénito que él y María esperaban.
Desde el propio nacimiento, Jesús no pertenece al ámbito de lo que era importante y poderoso para el mundo de la época. En realidad, quienes en primer lugar tienen noticia de la buena nueva y lo visitan fueron unos pastores, socialmente considerados como poco de fiar, hasta el punto de que en los Tribunales no se les admitía como testigos. 
Pero eran personas vigilantes. Por la noche velaban por turno sus rebaños. Escucharon el anuncio del ángel. Y “foron a correr”, como dice la versión gallega de la Biblia, para contemplar en primer plano la gran alegría de la Navidad.

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