• Viernes, 21 de Septiembre de 2018

Bebés robados: ¿qué más hace falta?

Maldita sea la hora que fui a pedirte ayuda. Maldita fue la hora que parí en tu hospital. Maldita la hora en que te conocí.

Maldita sea la hora que fui a pedirte ayuda. Maldita fue la hora que parí en tu hospital. Maldita la hora en que te conocí. Maldita fue la hora en que te llevaste a mi hijo delante de mí. Son frases desgarradoras de Adelina Ibáñez, otra madre que sigue luchando por encontrar a su hijo que ella escuchó llorar y que una monja se llevó para decirle más tarde que había fallecido. Nunca volvió a verlo. La trama de los bebés robados entra el 4 de septiembre en otra jornada para la historia ya que volverá a llevar a la Audiencia de Madrid al doctor Vela. 
La incógnita es saber qué personaje se volverá a ver. Atrás queda aquel 26-27 de junio donde el exginecólogo de la clínica San Ramón se hacía la víctima e interpretaba el papel de su vida hasta lograr suspender el juicio. No reconocía nada de lo que se trata de demostrar gracias a la denuncia presentada por Inés Madrigal, quien confesó que fue terrible darse cuenta de que podía haber sido una niña robada y no adoptada. Inés me cuenta que no hay tiempo. Que muchas madres y padres ya han fallecido sin conocer a los [email protected] que les robaron aunque desea aclarar que no han sido 30 años de robos de niñ@s. Para ella, han sido más de 60 años robando niños para venderlos. Hasta existen casos en la década del 2000. 
El comienzo hunde sus raíces en la dictadura,. Era puro dinero. Gracias a los medios de comunicación y a internet que acabó juntando a las víctimas, se pudo destapar todo. Delitos contra los DDHH, a los que ningún Gobierno tuvo valor suficiente como para poner las herramientas del Estado a disposición de las búsquedas. 
Ni un banco de ADN gratuito. Ni un fiscal. Ni un equipo de la UDEV especializado que pusiera su magnífico trabajo a disposición de las víctimas, ni un tratamiento de esto… Eso sí, mucho mirar para otro lado a ver si esto pasa o se extingue y solo queda el vestigio en los libros de historia. De lo que no terminan de enterarse es de que nadie olvida, que son un ejército y que cuando los padres mueren, quedan los hermanos para continuar. Inés lo dice con rotundidad, ha tenido la suerte de tener una madre coraje y por ella está en primera fila.