Viernes 24.05.2019

Cara y cruz de la sanidad gallega

Hace un par de semanas me entero de que la receta electrónica ya está disponible en toda España, tal como informó la ministra de Sanidad, María Luisa Carcedo. La Comunidad de Madrid tenía previsto normalizar esta incomprensible situación hace meses y, por fin, ya se hizo realidad al validar definitivamente su incorporación al sistema. 

En mi cabeza persiste todavía el drama vivido en los primeros días de diciembre, que, transcurrido el tiempo y aquel triste proceso, intento olvidar. Incomprensiblemente, faltaba Madrid por hacer realidad el derecho de todo ciudadano y que se implantase la receta electrónica interoperable. Un borrón político añadido a un desajuste tecnológico que desde hace unos días ya es operable en toda España. Madrid y Galicia, por lo tanto, ya se quieren, ya se miman, ya se pueden mirar a la cara y darse un abrazo virtual de bienvenida al mundo real. 

Y como la vida nunca fue un camino de rosas, ahora que la sanidad gallega está en plena crisis, con dimisiones, demandas sobre el copago, huelgas y reivindicaciones salariales, nos sale el presidente de la Xunta anunciando que buscan en Portugal especialistas en medicina familiar.

Consulté el tema con algunos médicos de familia, pero, además de no creerse nada, tampoco quieren ofrecer explicaciones. La Xunta tiene por delante problemas ineludibles por solucionar. Por ejemplo, las esperas en las citas. En su momento, matizó que la normalidad era casi total. Pues no. Como diría el “poeta Agustín”, “la verdad ofende, pero no es lo importante. Lo importante está en la sinceridad de las palabras”. 

En mi caso, un trasplantado de riñón, llevo desde el 22 de diciembre de 2017 pendiente de una ecografía. Pregunté recientemente por ella y me dicen que está en curso. O el caso de José Tejera Hernández. Me explica que sufre el movimiento involuntario de la mano derecha en su dedo índice. Su desconfianza es mayor cada día. Su odisea comenzó en 2014. Estamos en 2019 y hastiado de consultas, tratamientos interminables, pruebas radiológicas de todo tipo, nadie sabe lo que tiene. ¿Esto es normalidad?

Cara y cruz de la sanidad gallega
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