martes 15.10.2019

Odisea en el Chuac

Mi alma tiene prisa es un poema de Mario de Andrade que habla de la lealtad de uno mismo y que viene que ni pintado para contarles mi odisea vivida en el Chuac los días 27 y 29 de mayo. “Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada. No tengo tiempo para soportar a personas absurdas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido. Ya no tengo tiempo para  lidiar con mediocridades. No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados. No tolero a manipuladores y oportunistas… Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana… Que no se envanezca con sus triunfos… Que no huya de sus responsabilidades… Que defienda la dignidad humana… Tenemos dos vidas y la segunda comienza cuando te das cuenta que solo tienes una”.

Esto sirve para abordar una auténtica odisea que he sufrido en la segunda planta del Chuac el día 27, al que acudí para realizar una ecografía de abdomen y otra de riñón, esta, inexplicablemente, dos días después, cita que ya venía del 2017. Esa experiencia fue tortuosa. Sé y comprendo que todos tenemos días buenos y malos, pero nunca un paciente debe soportar el presunto mal rollo existente en un ámbito en el que necesitas rodearte de un ambiente de calma y serenidad con el paciente igual que reflexionar antes de hablar o de tomar cualquier decisión. 

Hay que promover la ternura y el cariño hacia el enfermo porque los reproches, el endiosamiento del doctor de turno, las amenazas y los chantajes arruinan el esfuerzo de una institución. Me tocaba hacer una ecografía de riñón y el ambiente no estaba para coñas. Después de largos minutos de espera en la camilla y discusiones entre bambalinas, llega el doctor. Me espeta que él ya no tenía que estar allí. Que su trabajo era atender a 15 pacientes y el jefe le obligaba llegar a 20. Y que además no cobraba por ello. Me sentí fatal. Creí que no acabaría su trabajo y tal era mi estado de ansiedad que incluso pensé en marcharme. Fue bochornoso.  

Odisea en el Chuac
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