Viernes 16.11.2018

Cuidado con las cuentas de Torra

El Gobierno tiene la obligación de intentar un diálogo

El Gobierno tiene la obligación de intentar un diálogo con la nueva Administración catalana y con su president, Quim Torra. Pero el levantamiento del control de las finanzas de la Generalitat abre expectativas que los independentistas pueden confundir con cesiones previas a una negociación sobre el derecho a decidir. Ni Torra, ni ninguno de sus consellers, han dado la mínima muestra de regreso a la senda constitucional, más bien al contrario parecen enrocados en el “raca, raca” de Ibarretxe, pero en versión mediterránea. Conviene recordar también que la malversación de fondos públicos, destinados al referéndum ilegal está siendo investigada por el juez Llarena. Porque, pese a los desmentidos del exministro Montoro hubo, vaya si las hubo, cuantiosas partidas desviadas al procés.
Un informe de la UCO, remitido a Llarena, detalla minuciosamente qué se pagó con dinero de los impuestos de los españoles y quién dio la orden de hacerlo. Pero, por si fuera poco, ahora son los propios empresarios, que recibieron los encargos de la Generalitat, de enviar publicidad y censo electoral a los domicilios, imprimir papeletas etc... los que denuncian que no han cobrado el trabajo. Se puede correr el riesgo, ante esta situación, de que el desbloqueo de las cuentas y su control por parte de los “herederos” de Puigdemont sirva para pagar deudas además de para volver a poner en funcionamiento Diplocat. Una entidad que tan cara e inútil resultó a los catalanes que no son independentistas.
Conversar sí. Dialogar también. Pero dentro del orden constitucional y de la legalidad vigente. No estaría de más que la vicepresidenta Carmen Calvo, catedrática de Derecho Constitucional, y redactora junto con Soraya Sáinz de Santamaría del texto del artículo 155, recabará de su antecesora datos de su relación con Oriol Junqueras a quien el Gobierno de Rajoy consideró la “esperanza blanca” dentro del tumulto de la declaración unilateral de independencia. No solo la engañó sino que fue el que impidió que Puigdemont convocara elecciones antes de desafiar al Estado.
El tiempo de los buenismos, de la inacción, de mirar para otro lado, de declarar de forma grandilocuente que “no habrá referéndum, todo está controlado”, ha llegado a su fin. Las nuevas relaciones con Cataluña deben tener un marco claro que no es otro que el Estatuto. Y cuanto antes lo sepa Quim Torra, mejor. Además, Cataluña debe participar en las negociaciones que habrán de cambiar las reglas de la financiación autonómica. No va a ser fácil. Pero el Estado es el único que no puede ceder.  

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