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Antonio Casado

Sáhara: de golpe y sin anestesia

O sea, sin la previa preparación del terreno que, en nombre del realismo político, hubiera dado a la opinión pública española la oportunidad de ir haciéndose a la idea de que no tiene sentido mantener bloqueado el conflicto.Hablamos de un problema heredado del siglo XX que, a la hora de buscarle una solución, siempre puso de manifiesto la incapacidad de la diplomacia y los intereses en juego.No es nueva la filantrópica idea de poner fin a las penosas condiciones de vida de los saharauis expatriados en un lugar del desierto argelino, aunque fuese al precio de renunciar al derecho de autodeterminación reconocido en la doctrina de la ONU.Dentro del propio PSOE, que siempre se solidarizó con la causa del pueblo saharaui, nunca faltaron las voces partidarias de aceptar el régimen autonómico ofertado por Marruecos en 2007.

La vuelta al siglo XX

Quién nos iba a decir que después del “fin de la historia” cantado por Fukuyama y el posterior tsunami globalizador de la economía íbamos a tener necesidad de desempolvar los manuales del siglo XX.Términos como “guerra fría”, “telón de acero”, “destrucción mutua”, han vuelto al discurso político y mediático en esta parte del mundo civilizado, habían llegado a creerse que la diplomacia, el comercio y la cooperación internacional iban a desterrar para siempre el recurso a la fuerza militar como una forma de resolver los conflictos entre países.Los peores presagios han reaparecido con el reciente ataque de Rusia sobre una base militar de Ucrania (Yavoriv), a 25 km de la frontera polaca.

Luz verde a la reforma laboral

Los mismos que se rasgan las vestiduras porque el Gobierno haya buscado la complicidad de Ciudadanos mientras Rufián (ERC) y Otegi (Bildu) sumaban sus votos a los del PP y los de Vox para tumbar una herramienta clave en la recuperación económica del país.Todo parece indicar que la reforma saldrá adelante este jueves en el Congreso.

El mosaico del 13-F

Para esa posibilidad de geometría variable tendrá donde elegir entre los cuatro o cinco grupos que serán minoritarios en la asamblea, o con varios de ellos a la vez (Ciudadanos, Unión del Pueblo Leonés y los distintos minifundios electorales en la mayoría de las provincias de la Comunidad).La otra opción, más improbable a mi juicio, es la incorporación del activismo de Vox a una derecha sin complejos en el gobierno de la Junta.

Ayuso y el leonesismo

La unión definitiva con León no se produciría hasta 1230, con Fernando III el Santo.Y me parece que son argumentos históricos suficientes como para sostener que León es anterior a Castilla, que su idioma es anterior al castellano, que el foralismo (protección del pueblo frente a la nobleza) es un invento leonés, no castellano, y que reclamar una autonomía propia para la región leonesa (León, Zamora y Salamanca), como reza una moción del Ayuntamiento de León (diciembre 2019), puede ser inútil, de difícil materialización, pero no es ninguna excentricidad, como ya tengo escrito en anteriores artículos.Por eso entiendo el enfado de los leoneses con la presidenta de la Comunidad de Madrid y, en especial, el de la coordinadora de la Comunidad Leonesa, Alicia Valmaseda, por las injustificables referencias de Díaz Ayuso a Castilla como entidad superior que engloba a León, cuando solo cuarenta años atrás la región leonesa (León, Zamora y Salamanca) nada tenía que ver con ninguna de las dos Castillas, la Nueva y la Vieja, como cualquiera puede comprobar en los mapas de la España anterior a la Constitución de 1978.La propia Alicia Valmaseda ha hecho público un comunicado en el que invita a Diaz Ayuso a repasar la función gramatical de las conjunciones copulativas que, según los textos escolares, “enlazan palabras u oraciones sin establecer entre ellas relación especial”.

Dos nubarrones

la inflación disparada, problemas de desabastecimiento, un marco presupuestario desmentido por la realidad, el turismo tocado por la pandemia, el aumento de las desigualdades sociales y, de repente, la sombra de la sospecha planeando sobre el reparto de los fondos europeos (RRF), que es el principal resorte para la recuperación económica de nuestra economía.El fantasma del clientelismo y la opacidad, agitado por el PP en Bruselas, ha coincidido con el paso del canciller alemán, Olaf Scholf, por el Palacio de la Moncloa, agitando a su vez otro fantasma: que el frugalismo germano, representado por un ministro de Finanzas liberal, Christian Lindner, resucite la ortodoxia fiscal (pacto de estabilidad presupuestaría) y se acaban las políticas expansionistas sobre las que Sánchez cabalga hacia un final feliz de la legislatura.Ante estos dos nubarrones en el horizonte, todas las alertas han sonado en el estado mayor del Gobierno de coalición PSOE-UP. Preocupan en Moncloa tanto el activismo fiscalizador del PP en el corazón de la Unión Europea como el temor de que la política de estímulos económicos esté tocando a su fin.

Sed de centralidad

A saber: coste de la vida por las nubes, España que produce mucho menos de lo que debe, unos niveles de crecimiento muy por debajo de los previstos en el marco presupuestario, nuestra primera industria nacional seriamente tocada (turismo) y un creciente malestar sectorial.La pregunta es si la desactivación de esas amenazas, que siembran la incertidumbre entre los emprendedores y afectan a la estabilidad del país, puede ser afrontada con éxito desde un poder político sostenido por enemigos del Estado que se alimentan de su fragilidad (la del Estado, se entiende).Y la respuesta nos remitirá inmediatamente a la desatendida sed de centralidad que, a mi juicio, tienen las capas mayoritarias de votantes socialmente desalentados y políticamente huérfanos.

Incierto 2022

Si además revisamos el calendario electoral, hemos de hacernos a la idea de que estamos a punto de encarar un año marcado por la inestabilidad política y la incertidumbre económica.El coste de la vida desbordado en marcadores desconocidos en los últimos treinta años, niveles de crecimiento insuficientes para una verdadera remontada en el año que empieza, malestar sectorial y un poder político que remite la prometida estabilidad al concurso de declarados enemigos del Estado, no son precisamente inductores de optimismo en una ciudadanía sedienta de normalidad después de veinte agotadores meses de pandemia.

Fariseos y banales

Solo así se explica que Sánchez y Batet hablasen de la Constitución como una fuente de valores de la que ellos no beben.Fariseísmo es decir, como dice Sánchez, que la Constitución es la “hoja de ruta del Gobierno progresista de España” sin dirigirse a los declarados enemigos de la Constitución que forman parte de ese Gobierno y aprovechan el aniversario de la misma para reclamar una república “democrática y moderna” que sustituya a la monarquía “obsoleta y corrompida”.

Cinco rosas espinadas

Usan el “nosotras” con carácter universal, como salmo anunciador de que las mujeres salvarán al mundo, pero se reservan el derecho de admisión, tal y como se ha constatado en las señaladas ausencias de mujeres tan principales o más como las cinco rosas de Valencia.De ahí el título de “rosas espinadas”, indicador del feminismo excluyente que se gastan las cinco profesionales de la política reunidas el pasado fin de semana en Valencia.

¿Prohibir la prostitución?

Y ahora también de forma, si tenemos en cuenta que los socios podemitas del PSOE en el Gobierno no acaban de estar de acuerdo con la doctrina abolicionista marcada por Carmen Calvo cuando, en vísperas de su cese como vicepresidenta, puso sobre la mesa un borrador que exalta la dignidad de la mujer y abomina de que “nuestra libertad sexual pueda convertirse en una mercancía”.El problema es que la ministra de Igualdad, Irene Montero, a la que le correspondería llevar la voz cantante en este asunto no está por la prohibición sin más, sino por la “autonomía económica” de las prostitutas y la educación sexual que desincentive la demanda sin sancionar a los consumidores, si bien dentro del partido morado también reinan las discrepancias.En el pensamiento de Carmen Calvo, supuestamente heredado por Pedro Sánchez, aunque nunca se sabe, el asunto debe abordarse con clara voluntad derogatoria.

Guerra de palabras

Por encima de la guerra de palabras que estos días anima la política nacional por cuenta de las discrepancias internas en el seno de la coalición del Gobierno Sánchez y las presiones del nacionalismo sobre las cuentas públicas que ya han entrado en el telar parlamentario, me atrevo a anticipar dos vectores de la situación:Uno, en relación con las negociaciones sobre la reforma laboral.

Ciudadanos no se rinde

Es muy meritorio el braceo de Inés Arrimadas por abrirse paso en la selvática realidad de la política española como líder de un partido liberal, intermedio entre conservadores del PP y socialdemócratas del PSOE. Esfuerzo meritorio, pero de momento baldío, si miramos las encuestas y la percepción general sobre la declinante situación de Ciudadanos desde la espantada de Albert Ribera tras las últimas elecciones generales (noviembre 2019).Aun así, Arrimadas no se rinde, según le dijo este lunes en la radio a Carlos Alsina, mientras criticaba al PP y al PSOE por su descarado acercamiento (eso sí, después de sus respectivos congresos de partido), para repartirse entre personas afines los puestos vacantes en el Tribunal Constitucional, Tribunal de Cuentas, Defensor del Pueblo y Agencia de Protección de Datos.La líder de Ciudadanos nos remite con esa crítica al hecho de que los dos grandes partidos se alejan de la España real con pactos interesados que ignoran las verdaderas preocupaciones de la gente.

Odiosas comparaciones

Como la que nos lleva a incluir a los tabernarios abucheadores (“asesino, “ocupa”, “traidor” y cosas peores dijeron) en una determinada opción política, y no precisamente la de Sánchez.Perturbador es lo que sostiene desde un periódico de tirada nacional en su editorial del día después y afloró en la sesión del control al Gobierno de este miércoles en el Congreso: Sánchez carece de respaldo popular y los abucheos ponen de manifiesto un claro divorcio entre el actual Gobierno y la sociedad española.Temerarias conclusiones si tenemos en cuenta que, aunque la tendencia del PSOE sea menguante en el favor de los votantes (en todo caso está por ver), ese divorcio no se refleja en la actual orografía parlamentaria ni en el sesgo de las encuestas.

Octubre en Cataluña

La del 1 de octubre, cuatro años después del referéndum ilegal, y la abominable fecha del 3 de octubre, que en los salmos separatistas aparece en negro (discurso del Rey, en defensa del orden constitucional).La Asamblea Nacional de Cataluña (ANC) y Ómnium Cultural (OC), empeñadas en mantener viva la declinante pasión por la república catalana “¡que no existe, imbécil!, como dijo aquel mosso d’esquadra en pleno uso de sus facultades mentales, han convocado todo tipo de actos callejeros en distintos puntos de Cataluña que esperan coronar con una gran concentración final en Barcelona el domingo, día 3.Este viernes, día 1, se llevan los actos a la localidad francesa de Illa, en la “Cataluña norte”, en homenaje al papel que desempeñó en la compra, almacenaje y distribución de las urnas del referéndum ilegal.

Pasatiempos machistas

Pero un juez ha sobreseído el caso por entender que debería ir por la vía civil.No hay delito, según el magistrado (Pablo Vázquez, juzgado de instrucción número 1 de Viveiro): “Debe tenerse en cuenta que se trata de unas grabaciones de mujeres orinando en una calle, es decir, en lugar público, en la que podían ser vistas por cualquier persona que por allí transitase, y es por ello que no suponen ningún ataque ni vulneración de la intimidad en el sentido recogido en el artículo 197 del Código Penal”.Es la argumentación básica recogida en el auto de sobreseimiento dictado en marzo y ratificado ahora, tras la presentación de un recurso por parte del letrado que representa a treinta de las mujeres afectadas por esta intolerable vulneración de la intimidad que se produjo en el verano de 2019, con motivo de la romería “A Maruxaina” (San Cibriao, Lugo).El archivo provisional supone la paralización del proceso indagatorio sobre los hechos, cuya autoría sigue sin establecerse a día de hoy.

Menos lobos, Puigdemont

Pero algunos no compartimos esa capacidad del expresidente para boicotear las vías de diálogo abiertas por el Gobierno central con la parte republicana del Govern.Creo que hay mucho ruido y pocas nueces en torno a un Puigdemont cada vez más aislado en el Parlamento Europeo y con unos socios catalanes (ERC) que le jalean con palabras sin acompañarlas con hechos de adhesión inquebrantable a su averiado carisma.

Las cosas de comer

Por el otro lado, el líder de CC OO, Unai Sordo, habla sobre el supuesto “pressing” de la derecha sobre la patronal para que se opusiera, como así hizo, a la subida del SMI.En cualquier caso, no sería buena noticia que la inercia empresarial y sindical a figurar en bandos opuestos, tal y como ha ocurrido en el debate sobre el SMI, se extendiera a las otras cosas de comer que están en la agenda de un otoño mediáticamente repoblado por las pensiones, el recibo de la luz, la prórroga de los ERTE y la derogación parcial de la reforma laboral de 2012.De ahí el sensato llamamiento de la vicepresidenta del Gobierno, Yolanda Díaz, que este viernes reclamaba de la CEOE en estos asuntos mayor empatía que la demostrada en la difícil negociación del nuevo salario mínimo, cuyo desenlace ha sido un parto más difícil que el del nacimiento de su hija, según ella misma ha declarado.

La luz, en el Congreso

Las vicepresidentas Calviño y Ribera, en sus respectivos turnos frente a los portavoces de PP y Vox, defendieron con ardor guerrero la intervención pública para frenar la factura que pagan los españoles por el uso de la electricidad en sus hogares.“Sí se podía”, es ahora el grito triunfal del exvicepresidente Iglesias en su nuevo desempeño como tertuliano.

La mesa está averiada

Pero sí está dispuesto a hablar de la política de las cosas, esas que mejoran el clima político, la economía y las condiciones de vida de los catalanes, como los indultos a los líderes del “proces”, la ampliación del aeropuerto del Prat (de momento malograda, por falta de apoyo institucional de las autoridades catalanes), la desaparición de los peajes en las autopistas, la lucha contra la pandemia (procesos de vacunación) o las transferencias pendientes que mejoren el autogobierno.La aversión a la “mesa” se ha instalado en las filas independentistas, justamente porque lo que ofrece el Gobierno está contaminado de autonomismo, mientras que dos de los tres socios del Govern, JxCat y Cup, apuestan por la confrontación con el Estado “represor” y no quieren que la “mesa” proyecte la imagen de que el conflicto catalán está en vías de solucionarse.No es opinión.

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