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Solución final

"Madrid es una ciudad de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas)”, afirmó Dámaso.En ese Madrid agonizante y estadístico se baten heroicos los monstruos de la democracia; gárgolas con rostro de piedra que, incapaces de encauzar el agua de la tormenta sanitaria y económica que anega ese inmenso cementerio civil, vomitan odio, seca bilis de una concepción ideológica resumida en unas siglas vacías de toda esencia filosófica y hasta de la elemental lógica.

Fui a los toros

Ya sé que no es lo mismo, pero en las retransmisiones de televisión, de la misma manera que en el fútbol se repiten las faenas, aquí se suele repetir esa media verónica donde el tiempo se detuvo, ese par de banderillas en el que hay un momento en el que el rehiletero parece suspendido en el aire, o ese instante donde el cuerno de la fiera pasa a tres centímetros del cuerpo del torero.Pude disfrutar de la seriedad de Ponce, de la elegancia de Emilio de Justo y de la heterodoxia del Cordobés.

Una batalla con poco sentido

Es de los que se dedica a criticar acciones de otros que él mismo realiza, como afear el activismo social de Lebron James.

Esclavos de la libertad

Por esa razón nos fascina al extremo de convertirla en objeto de culto capaz de cambiar el rumbo político de un país por el simple hecho de ejercerla, de darle rienda suelta mostrándonos capaces de romperlo todo hasta los tuétanos.Es en ese momento cuando la libertad pasa a ser un verdadero instrumento revolucionario y la revolución un enorme montón de ruinas salvajes habitadas por seres indómitos, feroces y finalmente amos, en eso se convierten los hombres que ven en la libertad el perfecto arquitecto de una estructura social armónica y justa, ignorando que ella es un artefacto de demolición, que está en nosotros no para redimirnos sino para destruirnos.