La lenta agonía de la hostelería

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La hostelería enlaza meses de incertidumbre, de aperturas y cierres y de una luz que no acaba de verse al final del túnel. El perímetro ahoga a muchos locales de restauración que se mantienen con el servicio para llevar y otros, directamente, han decidido bajar la verja de forma indefinida. “Son muchos pagos y ningún ingreso”, señalan. Todos coinciden en que las ayudas anunciadas “no llegan” y que la mayoría se verá “encaminada irremediablemente al cierre”. Vilagarcía es una ciudad que no se entiende sin el bullicio de los bares y de sus terrazas y las últimas medidas han dejado una estampa de ciudad fantasma, sobre todo a partir de las seis de la tarde. Los que resisten lo hacen con ganas y con el agradecimiento a una clientela que “nos está apoyando, que nos es fiel y por eso seguimos”. En el lado más oscuro de la baraja está el sector de la noche que lleva cerrado prácticamente desde el estallido de la pandemia en el mes de marzo y que ve como única salida la inmunización que pueda traer una vacunación masiva, que todavía queda lejos. Resignados cuentan su experiencia y como es vivir la pandemia detrás de una barra, con la reja bajada y sin saber cuando volverá su actividad.

Martín Vázquez: “A solución para a noite só virá dada pola vacina e a inmunidade”
Martín Vázquez regenta tres locales hosteleros en Vilagarcía, el Bianco, el Atlántica y el Diurno. El primero es un local de referencia en la noche vilagarciana y la rama de la hostelería más afectada por las medidas anti Covid. “Eu teño claro que a luz para o negocio da noite virá cando veña a inmunidade coa vacina, non antes”. En su caso señala que “somos o sector máis abandonado” y critica que “aos gobernos se lles encha a boca coas axudas cando o que estamos facendo a aguantando porque tiramos dos aforros”. Desde que empezó la pandemia pudo abrir el negocio de noche “pois practicamente só un mes” y las últimas medidas dictadas para Vilagarcía con el consumo solo en terraza lo han llevado también a bajar la reja en sus otros dos negocios. “Fixen contas e é imposible mantelos abertos”. Consecuentemente, su plantilla de 9 empleados al ERTE. Este hostelero tiene claro que la pandemia se llevará por delante muchos negocios del sector porque “está claro que hai un límite de aguante e isto vai traer moitas consecuencias”.

Maica, del Andaina: “Tiramos para adelante, pero con mucha incertidumbre”
El Andaina es uno de los locales hosteleros que ha intentado reinventarse desde que empezó la pandemia y las restricciones. “No nos queda otra, tenemos que tirar para adelante”, dice Maica detrás del mostrador. En este bar no hay terraza. “Solo podríamos poner tres meses y por tres mesas y con este tiempo no nos compensa”. Es por ello que han optado únicamente por el servicio de entrega a domicilio o para llevar con recogida en el propio local. “Tenemos clientes muy fieles y les agradecemos que nos sigan apoyando”. Este giro en la concepción de un negocio en el que los menús del día eran un ingreso importante les ha llevado a “tener que adaptar nuestra carta para que la comida llegue caliente a los domicilios”. Maica reconoce que cogieron el cierre de marzo con “resignación, tenía que ser” y que el verano “fue bueno, cogimos a toda la plantilla”. Ahora trabajan con el 30 % y se quejan de que cumplir los requisitos que se exigen en las ayudas es “casi imposible”. Eso sí, reclaman más vigilancia policial para el cumplimiento de las medidas en otros locales hosteleros. “Permitir a unos sí y a otros no es permitir una competencia desleal”. Se sienten “castigados”.

Rafael Barreiro: “Fixen contas e non me compensaba abrir só con terraza”
Rafael Barreiro regenta La Bolsa, un negocio que combina la hostelería nocturna con la diurna ubicado en la calle Méndez Núñez. Desde el inicio de la pandemia ha estado varios meses cerrado empujado por unas medidas que en Vilagarcía han sido severas con la hostelería. “O verán foi ben”, reconoce. Lo que vino después ya no tanto. “Eu fixen contas e o que tiña que pagar e o que ía ingresar tendo en conta o comportamento da miña clientela non me compensaba manter aberto só en terraza”. Teniendo en cuenta que el dueño de su bajo le comunicó que no le cobraría alquiler si estaba cerrado decidió bajar la reja. “Como sobrevivimos? Buf, pois con moito sacrificio e tirando de aforros porque das axudas nada de nada”. Rafa lleva muchos años trabajando en la hostelería y, de hecho, también es comercial con productos de este sector. “Falo coa xente e o ambiente é moi pesimista porque non ven a luz no horizonte”. Reconoce que “hai locales collidos con pinzas que é moi difícil que volvan levantar a verxa cando se poida volver a facelo”.

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