MUY SEÑORAS MÍAS

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Como cada año el pasado día 8 se celebró el ahora denominado “Día Internacional de la Mujer”, sustituyendo al anteriormente titulado Día de la Mujer Trabajadora, pero con la misma finalidad de agasajar a las mujeres en general, recordando a aquellas pioneras “sufragistas” que a finales del S. XIX y principios del XX, se lanzaron a una lucha abierta contra unas formas que consideraban, y eran, discriminatorias por cuanto no les era permitido el derecho de voto como sí lo era a los varones. De paso, se unieron otras reclamaciones de tipo salarial, social, laboral e incluso doméstico con la finalidad definitiva de alcanzar la igualdad de derechos con el hombre. A pesar del tiempo transcurrido, es lo cierto que aunque se alcanzaron muchas de las metas propuestas, todavía quedan asignaturas pendientes para alcanzar la igualdad pretendida con mayor o menor legitimidad, ya que lo que es la igualdad absoluta no será nunca posible por razones que a nadie se le escapan y porque, además, es imposible.
Otra cosa es que transcurridos tres lustros del S. XXI, siguen existiendo situaciones injustas en relación con el disfrute de los derechos que la mujer, como ser humano que es, debe disfrutar. Y aquí me encuentro con algo a lo que no doy total credibilidad pese a leerlo y oírlo casi a diario: Que los salarios de la mujer y el hombre, en igual puesto de trabajo, son hasta un 20% inferiores para las mujeres. Pero es que ¿no se aplica el Convenio Colectivo a las personas por igual sin necesidad de comprobar su sexo?. ¿No están al tanto de tal situación los o las Delegado(a)s de Personal para ejercer los medios legales en defensa de las mujeres perjudicadas?. Desde mi ingenuidad debo decir que no considero nada difícil superar este escollo, puesto que el importe de los salarios ya se incluye en los gastos generales del producto sin necesidad de saber si son para un hombre o una mujer. Con toda sinceridad digo que me gustaría saber, cuanto antes, que no existen diferencias en los salarios para obreros u obreras. Hay otras metas pendientes como, por ejemplo, el reconocimiento del trabajo de las amas casa, mujeres que tienen un horario indefinido pero nunca inferior a las doce horas; el trabajo de las mujeres del campo que, además de atender a la casa, siembran, cultivan y cosechan, sin precisión de ingresos. Ojalá que año tras año, se logre superar alguna de las antedichas asignaturas pendientes. 
Quien como el que suscribe ha tenido la suerte de convivir en el trabajo con mujeres, primero en la sastrería familiar, después cinco años en la empresa privada y por último durante 37 años en la Administración Pública, siempre con muy gratos recuerdos, salvo raras excepciones, se encuentra en condiciones, al enfilar la cuesta abajo, de declarar sin duda alguna, su total adhesión a las reivindicaciones salariales, sociales y laborales de las mujeres.
 

MUY SEÑORAS MÍAS