Galicia en blanco y negro

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En los años veinte del siglo pasado Ruth Matilda Anderson, una americana joven, inteligente y muy sensible, vino a Galicia para “retratar” las aldeas, villas y ciudades y a la gente de nuestro país que había fascinado a su mentor, el filántropo Archer Milton Huntington. Ruth dejó más de 5.000 imágenes de la Galicia rural y urbana y del alma de los gallegos y sus impresiones y comentarios en el libro Gallegan Provinces of Spain: Pontevedra and La Coruña.
Volví a hojear el libro de Ruth Matilda después de ver el debate y escuchar los mensajes apocalípticos de los candidatos que aspiran a la Xunta que describieron una Galicia en blanco y negro, como si fuera aquel país de los foros y de la economía de subsistencia; el país de las corredoiras, de los niños descalzos y hambrientos, de las mujeres enlutadas, del arado romano y las vacas tirando de los carros… Aquella Galicia del primer tercio del siglo XX que retrató la fotógrafa americana ya no existe, afortunadamente, como no existe la Galicia descrita por los candidatos de la izquierda que tienen alguna teoría correcta, pero desfiguran la Galicia real.
Es verdad que Galicia no la Arcadia feliz. El país tiene problemas, unos estructurales y otros consecuencia de la mayor crisis que hemos conocido. Hay mucha gente parada, desigualdad y precariedad, sectores productivos débiles, pocas oportunidades para los jóvenes, la población envejece… Son tareas que hay que abordar.
Pero ahora mismo, Galicia es un país homologable a los de su entorno. Los recortes y ajustes que impuso la crisis no fueron mayores que los de otras comunidades, los servicios públicos, incluidos los del Estado de bienestar, funcionan razonablemente bien y Feijóo puede presentar una gestión digna, siempre mejorable, de dirigente sensato que dotó al país de estabilidad y gobernó sin sobresaltos.
Por eso, los aspirantes a sucederle, más que calificar las políticas del Gobierno de “desastrosas, nefastas, abrasivas y exterminadoras de sectores y servicios públicos”, deberían cautivar a la sociedad con propuestas y proyectos alternativos, concretos y presupuestados, para acometer lo mucho que queda por hacer y mejorar la vida de los gallegos.
Las grandiosas declaraciones de intenciones y ofertas inconsistentes de “todo a cien” ya no seducen a la gente. Igual que descalificar la labor del Gobierno y del presidente no es aval suficiente para ser alternativa de gobierno para Galicia.

Galicia en blanco y negro