PARA “MANUAL DE RESISTENCIA”, EL DE LOS CIUDADANOS.

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En la última semana nos hemos visto sobresaltados ante la eclosión de muchos episodios de vandalismo extremo en las calles de las principales ciudades españolas. Como consecuencia se han registrado numerosos heridos entre servidores públicos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, algunos manifestantes, junto a cuantiosos daños en los bienes de innumerables ciudadanos, como comerciantes, pequeños empresarios, propietarios de vehículos, amén de los consabidos destrozos en elementos de mobiliario urbano.


Y algo descorazonador en clave democrática, la sensación de impunidad con la que actúan con calles ardiendo, negocios saqueados, vecinos atemorizados....


El origen de esta violentísima oleada de altercados se encuentra en la detención de un cantante de rap ( condenado en diversas ocasiones ) que se negaba, de manera contumaz, a ingresar en prisión para cumplir las penas a las que fue sentenciado de manera firme.


En otras palabras, la maquinaria del Estado de Derecho que tiene su piedra angular en la Constitución, de la que emana nuestro ordenamiento jurídico, actuó y un ciudadano que infringió, reiteradamente, las normas que regulan nuestra convivencia tendrá que pagar por ello. Aquí y en cualquier otro país democrático.


Las habituales cortinas de humo que se tienden para desviar la atención de lo fundamental forman parte del modus operandi de algunas fuerzas políticas como UNIDAS PODEMOS que no aceptan, por las buenas, las leyes de un estado democrático aprobadas por parlamentos que son expresión de la voluntad soberana del pueblo. En mi opinión estamos ante comportamientos que constituyen anomalías democráticas surgidas de fuerzas políticas cuyo poso de totalitarismo difícilmente pueden ocultar.


Todo lo demás, alrededor de estas acciones de violencia reiterada, perfectamente coordinadas y con un componente de “montonera” donde se apilan grupos y grupúsculos del más diverso pelaje social es fruto de una estrategia desestabilizadora que pretende alterar el orden público, violentando la convivencia pacífica para, supuestamente, defender el derecho a la libertad de expresión de un rapero. Solo la lectura de alguna de sus letras deja claro el concepto de derechos y libertades que posee el personaje.


Con ser grave todo lo sucedido y las razones últimas que persiguen los alborotadores, todavía es más incomprensible que, una parte del Gobierno de España, aliente y vea con simpatía estas acciones. Una circunstancia imposible en cualquier país de nuestro entorno. Ante eso, el socio mayoritario del gabinete, el PSOE, una de las dos fuerzas del modelo bipartidista surgido de la transición se dedica a contemporizar con UNIDAS PODEMOS en vez de llamarles públicamente al orden y, en su caso, expulsarles del gobierno como tiene, constitucionalmente, en su mano Pedro Sanchez. Si, aquel que no podría dormir con Pablo Iglesias en el ejecutivo...


La actitud transigente del Presidente del Gobierno, su falta de contundencia y ese “dejar hacer” provoca desasosiego y zozobra en una población que está siendo muy castigada por todos los efectos de la pandemia del coronavirus. Personas que viven al límite en todos los sentidos.


Como alguien dijo, la llave de Moncloa está en manos de Iglesias pues dispone, directa o indirectamente, de cincuenta y cinco escaños que suponen el ser o no ser de Sanchez como jefe del ejecutivo. Los treinta y cinco de UNIDAS PODEMOS sumados a los quince de ERC y los cinco de BILDU respecto de quien el vicepresidente segundo acuñó la frase de que “se incorporaba a la gobernación del Estado....” con el acuerdo de apoyo a los Presupuestos Generales del Estado.


Llevamos ya mucho tiempo con este tipo de situaciones y, desgraciadamente, no parece que desde el Gobierno de España, su Presidente esté dispuesto a ponerles coto como harían líderes como Merkel, Macron u otros. Parafraseando al inquilino de Moncloa, a los ciudadanos nos resta el manual de resistencia.

PARA “MANUAL DE RESISTENCIA”, EL DE LOS CIUDADANOS.