La mascarilla en la playa, solo a ratos

Dos personas, con mascarilla en la playa | efe
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Todos tranquilos, falsa alarma. Lo de las mascarillas en la playa, decimos; que a los señores del Gobierno que deciden estas cosas les ha dado un soplo de sentido común y han cambiado de opinión. Así que ya podemos estar en nuestra parcelita de arena, a dos metros del vecino más próximo, a cara descubierta. Y quien dice playa, dice piscina, río, lago, pantano o entorno natural similar. Mejor dejar las cosas claras, que luego todo son dudas. El baile del verano, quita y pon, lo podemos llamar, de momento queda así: quietos sobre la toalla –también vale hamaca, silla o esterilla, que nos conocemos–, sin mascarilla; de paseo por la orilla, con mascarilla; comiendo en el merendero, sin mascarilla; de camino al mismo o a comprar un helado, con mascarilla; en el agua, sin mascarilla; en el trayecto hasta el agua, sin mascarilla, pero por el camino más corto, que si no igual es paseo y te la tienes que poner. O hacen una canción pegadiza o esto no hay quien se lo aprenda.

La mascarilla en la playa, solo a ratos